Opinión

Tabaquismo pasivo en la infancia

EL tabaco es la causa evitable de enfermedad más importante en los países occidentales, no existiendo ninguna duda de que el hábito de fumar constituye la primera causa de muerte en estos países. Aproximadamente, el 30 por ciento de los jóvenes de entre 15 y 18 años en Europa son fumadores, porcentaje que aumenta entre el sexo femenino, representando para el futuro una enorme incidencia de enfermedades relacionadas con el tabaco (asma bronquial, patología cardiovascular, cáncer de pulmón, vejiga etc.) y muertes prematuras.

En la relación tabaco y salud hay un hecho que cada día está adquiriendo mayor relieve, me refiero al humo ambiental, al fumador pasivo. Esto, cuando se traslada a la infancia se torna dramático y éticamente inadmisible, porque compromete la calidad de vida y la supervivencia de los mismos.

Hoy se considera al tabaquismo pasivo la tercera causa de muerte evitable, con un riesgo del 20 al 30 por ciento de morir por enfermedad cardiaca y un 20-25 por ciento por cáncer de pulmón. En la Unión Europea se han calculado unas 22.000 muertes cada año de fumadores pasivos. En España se estiman unas 375 muertes por cáncer de pulmón y unos 2000 casos por cardiopatías isquémicas. En total, se estiman unas 3.000-4.000 muertes cada año por tabaquismo pasivo.

La vulnerabilidad de los niños al humo ambiental del tabaco reviste especial interés. Actualmente el 40 por ciento de los niños están expuestos en sus hogares y más de 50 por ciento en los coches, incrementándose los riesgos con el tiempo de exposición. Los efectos nocivos en los niños incluyen el aumento de infecciones respiratorias y de oído medio, incremento de la incidencia de asma bronquial y del desencadenamiento de sus crisis agudas, además de un déficit de la función y desarrollo pulmonar. Incrementa deforma sustancial el riesgo del síndrome de muerte súbita del recién nacido, también conocido como muerte en la cuna. La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que el tabaquismo materno causa de un tercio a la mitad de estas muertes súbitas y supone también una mayor incidencia de tumores malignos, esencialmente leucemias, linfomas y tumores cerebrales. Son mas candidatos a ser fumadores activos por su adicción precoz a la nicotina, lo que incrementa aun más el riesgo, en el curso de su vida, a una mayor incidencia de cáncer de pulmón, cáncer de vejiga, enfermedad pulmonar crónica, patología cardiovascular, etcétera.

Finalmente, otro hecho importante es el efecto del tabaco sobre el feto cuando la madre es fumadora. Los efectos a largo plazo no son bien conocidos pero se relaciona con una disminución del peso al nacer, con mayor incidencia de labio leporino y fisura del paladar y, sobre todo, con la muerte súbita neonatal entre un mes y un año de vida.

La OMS señala que unos 700 millones de niños, o lo que es igual, la mitad de la población infantil mundial, respiran aire contaminado con humo de tabaco, especialmente en los hogares. Unos 250 millones morirán a causa del tabaco, tasas superiores a la suma de muertes por sida, tuberculosis, accidentes de tráfico, homicidios, etcétera.

El humo del tabaco no es sólo una molestia, es una agresión contra la salud de los seres humanos. Existen suficientes datos para que se tomen todas las medidas necesarias para la protección de la infancia, donde la familia y educadores juegan un papel clave, siendo el ejemplo de no fumar o dejar de fumar una condición básica para el logro de este objetivo.

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