La ciudad y los días

Carlos Colón

Tonterías y mentiras

HUBO un tiempo en el que la cerrazón defensiva e integrista de la Iglesia le procuró tal decaimiento intelectual, que la inteligencia parecía haberse exiliado de ella para darse en exclusiva a sus contrincantes. Todo lo innovador, moderno, creativo, intelectualmente estimulante y científicamente deslumbrante era condenado por la Iglesia, lo que a su vez la condenaba a ella al aislamiento. Las experiencias de los campos de exterminio y del uso de las bombas atómicas, planteando graves preguntas al optimismo ilustrado y a la euforia tecno-científica, y el Vaticano II, haciendo las paces entre la Iglesia y la modernidad, abrieron una nueva era.

65 años después de Auschwitz e Hiroshima y 45 después del Vaticano II, se diría que retornan las antiguas posiciones de enfrentamiento. Sólo que esta vez la Razón Ilustrada parece haber cambiado de bando. Sirva como ejemplo este extracto de una crónica sobre la manifestación londinense contra el Papa en particular y contra la religión en general: "Laura Avery, profesora de moda en la universidad, está contenta rodeada de jóvenes que saltan, cantan y protestan. Todavía no sabe que la de hoy será una manifestación histórica: El corazón ateo me pide abolir las religiones que tanto sufrimiento y muerte han provocado". Sumen las dos mentiras y las dos tonterías -la de la profesora y la de quien redacta la información calificando de "histórica" la manifestación- y constatarán que la Razón Ilustrada ya no se cuenta necesariamente entre el bagaje intelectual de la progresía antirreligiosa. Sólo el nazi-fascismo y el comunismo -ideologías ferozmente antijudeocristianas- han provocado en medio siglo más sufrimiento y muerte (metódica, racional y científicamente organizada con moderna eficacia) que el judeocristianismo en tres mil años; sin siquiera haber aportado a la Humanidad ni una millonésima parte de los bienes universales que se le deben, desde la Biblia a Dreyer pasando por el gótico, Bach, Erasmo o Messiaen.

Sé que esto es hablar en el vacío. Los coincidentes mecanismos deseducadores del consumo y la pos-progresía están logrando que los jóvenes no sepan quienes son ninguno de estos señores, desde los anónimos redactores de la Biblia a Oliver Messiaen, con lo que la manipulación es cada vez más fácil. Y los medios que se dicen progresistas se están empleando a fondo para hacerlo: algunos han dado el mismo espacio informativo, si no uno mayor, a la manifestación de 15.000 personas contra el Papa que a la vigilia que congregó en Hyde Park 80.000 fieles o a la beatificación del cardenal Newman, que reunió 70.000 en Birmingham.

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