RELOJ DE SOL

Joaquín Pérez- / Azaustre

Tornado

AGITA el viento el sur de la espadaña, un vendaval de luz muscula el día. Se ha visto en Málaga, donde la antigua sombra en los hoteles hoy abandonados, donde una vez la muerte encontró espacio bajo los parasoles, se ha visto cimbreada por la explosión del aire hecha codicia, por la quietud del tiempo como dominación: ver hoteles ingleses encallados en esa laxitud, como cascos de buques en un mar de sargazos de cemento, resistiendo el envite endemoniado del cielo convertido en un azote, verlos afianzarse en la tormenta, tiene algo de inicio de un relato de Poe, como si en su interior se gravitara en un país de pedernales rojos, en la revelación de la que bebe su luz la tempestad.

El temporal dormido, también, como el amor, puede despertar de su remanso. Así, como olas desatadas espumeando el aire de los paseos marítimos, con esa exhibición del aguacero en los noticiarios de la noche, ha aparecido también el último libro de poemas de Pere Gimferrer, Tornado, que es un torrente alado, un ejercicio joven, una declaración sin gabardina de la poesía amorosa comprendida también como huracán, como una salvación ante el desastre diario, una redención no de la carne, sino desde la carne, una constelación de nueva vida preñada por las ubres de la luz. Gimferrer vuelve a escribir en español y lo hace en tornado, que es continuación de Amor en vilo, su regreso oficial al español, que lo vio arder en el mar y contemplar La muerte en Beverly Hills. También como después del temporal aparece la calma y la lectura, la revisión del cuerpo desprendido del azar juvenil como revelación: así se portarán las tijeras del aire al rojo vivo, la podadora de la tempestad, para cortar la exacta silueta de la vida en tornado, de la vida en tronada, a su cuerpo de viento con las manos atadas, agua abajo del río de la pasión porque teñido en rojo soy fulguración.

Se lo dijo Octavio Paz y sigue siendo cierto: Pere Gimferrer, que podría dar la foto para un Nobel como una vez le fotografiara Juan Bonilla, ha descubierto cómo respiran en la luz bengalas, que en la corporeidad arden conceptos como la llave inglesa de una claridad. Quizá sea éste el libro de Pere Gimferrer con más presencia andaluza: pero no sólo por la corrosión del cordobán del aire, sino por el ventalle de los sicomoros en el parque de Sternberg en Sevilla o la brisa de Cádiz y del Puerto. También Priego de Córdoba, blanqueando en un pliegue rococó. Fue en Priego de Córdoba donde conocí a José Luis Rey, poeta deslumbrante y autor de un estudio único, Caligrafía del fuego. La poesía de Pere Gimferrer, que une los dos idiomas del poeta. Tornado es ave fénix. Cualquier tornado es resurrección.

Etiquetas

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios