PASA LA VIDA

Juan Luis / Pavón / Jlpavon@ Diariodesevilla.es

Utilicemos la Fundación Becerril para neutralizar la fascinación por el terror

ETA es un virus peor que el del sida. Reaparecieron sus pistolas en el día mundial contra la pandemia, y aún no se vislumbra en España cuándo vamos a curarnos de esta maldición. A quemarropa y por la espalda han vuelto a matar. Y hay gente a la que eso le fascina. Si le hiciéramos la prueba del algodón democrático a todos los que en Sevilla y provincia se consideran antisistema, es decir, preguntarles si condenen el atentado etarra, nos encontraríamos a personas que se ponen más de parte del separatismo terrorista que de la inmensa mayoría de la sociedad, a la que no aprecian porque la consideran títere de un Estado represor y oligárquico.

Damos por sobreentendido que en España todo hijo de vecino tiene muy claro que es prioritario el derecho a la vida, la convivencia en paz y tolerancia, y el respeto mutuo de las mayorías y minorías. Pero esos valores, pilares de la ciudadanía democrática, no se colocan solos en el cerebro ni llegan caídos del cielo. En internet la profusión de mensajes que emanan del fascismo y el totalitarismo (por no incluir las webs ligadas a sectas y demás truculencias) es muy superior en cantidad y perseverancia a la difusión de los principios que quintaesencian las coordenadas de nuestro bienestar en común.

Esta debería ser una de las principales tareas de la Fundación Jiménez Becerril, creada por el Ayuntamiento de Sevilla, cuyas vicisitudes han sido bastante desdichadas por las inquinas partidistas, todo un síntoma de la inmadurez española a la hora de construir democracia y unidad desde la pluralidad cuando no están las víctimas de cuerpo presente. En enero tendrá lugar el décimo aniversario del asesinato en la calle Don Remondo, y la amenaza terrorista no cesa contra cualquier objetivo que se ponga a tiro. Los radicalismos de diverso signo quieren reverdecer viejas quimeras socavando las bases sociales del Estado de Derecho. Tenemos mucha labor pendiente para acabar a diario con cualquier justificación del terror. La democracia no se defiende ni se mantiene viva únicamente montando manifestaciones posmortem.

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