PASA LA VIDA

Valme ya es otro astillero de conflicto laboral

ERAMOS pocos y parió Grecia. Los 10.000 millones de euros en ayudas a los tramposos helenos sólo los recuperaremos si Pericles resucita y vende la Acrópolis a un jeque de Abu Dhabi rebosante de petrodólares. Antes de esa factura superlativa, desde La Moncloa se obligaba a enjugar en 50.000 millones de euros el agujero presupuestario del Estado. Y mientras se presume de austeridad con un plan de reducción de organismos públicos y altos cargos tan endeble que sólo ahorra 16 millones de euros al año, ninguna autoridad sale a la palestra para sacar pecho por no cubrir las bajas de profesores en los colegios, por no renovar contratos de personal en los hospitales y otros recortes de los sueldos medios y bajos en las plantillas de los servicios públicos más básicos.

El malestar de pacientes, empleados y directivos del Hospital de Valme responde a esta realidad que se va a ir imponiendo para descuadrar todas las expectativas que cada cual se hacía apenas hace unos meses. El SAS y los sindicatos andan a la greña porque los compromisos son papel mojado, y quienes ingresan en Urgencias sufren en sus carnes la involución del Estado del bienestar.

Valme no se cierra, obviamente. Aunque ya es otro astillero de la conflictividad laboral. La industria naval está en Sevilla más cerca que nunca de la desaparición. Astilleros es nudo gordiano del debate sobre el cambio de modelo productivo. ¿Cuántas empresas (y empleos) de biomedicina, de ingeniería de sistemas, o de inteligencia artificial, se podían haber creado con los centenares de millones de euros quemados para tapar la crónica insolvencia de Astilleros?

Sevilla, en primera instancia, no puede renunciar a la continuidad de la industria naval. Pero si no hay dinero ni empresarios, y sin poder estatalizar como en el pasado las pérdidas, cuya responsabilidad compete a los propietarios, ¿cómo evitar cerrar los astilleros actuales para fundar unos nuevos a partir de otro modelo productivo? ¿No hay un límite para que la vieja economía no aborte la nueva?

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