Visto y oído

Antonio / Sempere

Vejestorio

ME miro al espejo, y veo un vejestorio. Porque si miro a la televisión, me encuentro a los veinte participantes de Fama, tan guapos, tan estilosos y tan deportistas, despertando tantas pasiones desde el primer minuto, que parece como si quienes estamos en otros escalones de la existencia no tuviésemos derecho más que al virgencita, que me quede como estoy, que ya vendrán tiempos peores. Veo a los protagonistas de la nueva serie HKM, y compruebo que siguen el canon de belleza y juventud imperante. Como los de Física o química, que ahora se despiden pero volverán. Como los de El internado.

Paso por el peaje de ver en la pantalla grande Crepúsculo, la película más vista del fin de semana, y vuelvo a tomarme con el estereotipo de los adolescentes sin taras físicas, aunque en este caso algo más pálidos que de costumbre.

Y sin embargo, pese a que te hagan verte como un vejestorio no es ninguna tontería, no guardo ningún rencor a toda esta nueva hornada que llega con otros valores, con otras formas y otro estilos de vida. No me atrevo a decir si mejores o peores. Sólo diferentes. De otra época. E incluso reflexiono si a veces no son ellos, en apariencia tan inmaduros y tan por hacer, los que realmente merecen la pena. La experiencia lo es todo, de acuerdo. La madre de la ciencia, dicen. Pero a veces con el bagaje también llegan el resentimiento, la rutina o hasta el abatimiento por la falta de motivaciones. No todos los mayores somos iguales, faltaría más. Pero tampoco todos los jóvenes lo son. Viendo Los chicos de Historia, la obra con la que ha regresado Pou al teatro, vuelvo a reparar en el gozo que da verles soñar, ilusionarse, construir una vida en la que todo está por llegar porque apenas hay pasado. Por eso seguiré a los de Fama, como seguí a los del frustrado Circus.

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