Visto y oído

Antonio Sempere

Vertebrando

El día que España logró su séptima medalla, Michael Phelps se colgó al cuello el octavo oro. La gesta estaba ahí. Pero quienes viesen los distintos informativos televisivos del domingo sabrán qué criterios de relevancia prevalecieron. El patriotismo campaba a sus anchas por todas las emisoras de radio. Y en algunas de qué manera. Y en la prensa, ay, en la prensa del lunes, desde las cabeceras nacionales hasta las provinciales, lucían los colores de la bandera rojigualda. Sólo El País llevó a primera al hombre pez.

Aquí parece que lo único capaz de vertebrar a las Españas es el deporte. Y no deja de ser chocante si tenemos en cuenta que el deporte español habla catalán. Empezando por el comentarista portavoz de Conexión Pekín, Ernest Riveras, el buque insignia de los doscientos profesionales de Radio Televisión Española desplazados a Pekín. Se da la circunstancia de que Ernest no es gallego, ni maño, ni andaluz, ni madrileño. Resulta que la lengua materna, la lengua en la que piensan Ernest, y Amat Carceller, y Julia Luna, y tantos otros altavoces del deporte patrio, es el catalán.

El 83% de la delegación olímpica española está formada por la cantera catalana. Rafa Nadal piensa en mallorquín. Joan Llaneras, en catalán. Gervasio, por muy argentino que sea su padre, habla como hablan los de los territorios de Premiá y se entrena en Sant Cugat. Gemma Mengual podría impartir clases de Filología Catalana.

Cataluña aporta las medallas a España, y los españoles, en este caso, hacen suyos a los catalanes. Como si no existiesen los problemas de financiación. Ni los Montillas ni los PSC. Esto sí es una tregua olímpica y lo demás son tonterías.

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