Las dos orillas

José Joaquín León

Vuelven las medusas

AGOSTO es el mes de las medusas. Comienzan las vacaciones oficiales, Hugo Chávez se llevó una camiseta tras pasar por Marivent, y la vida noticiosa se pone difícil. Entonces ellas, que habían estado todo el año en alta mar, se preparan, se acercan a las costas, y se llevan el protagonismo. ¿A quién le importa lo que digan Zapatero o Rajoy, incluso Chaves o Arenas, cuando le ha picado una medusa ahí mismo, con lo que duele?

Ya han llegado las primeras, que han atacado en Baleares y Cataluña. Los científicos han observado grandes concentraciones en aguas del Mediterráneo. Se nota que esas primeras medusas de la temporada son anticatalanistas y, como no entienden el catalán, llevan el terror hasta el extremo, sin dialogar ni alcanzar pactos con Carod-Rovira, como hicieron otros animales. Las medusas tampoco firman manifiestos, ni son bilingüistas, van a lo suyo, que es fastidiar. Y para colmo no financian. Aunque la mayoría se ha concentrado por las aguas jurisdiccionales de los Países Catalanes, incumpliendo el Estatut para dolor de Montilla, pues eso: que no respetarán a nadie por su bonita cara. Pronto llegarán las expediciones aquí, a las costas andaluzas, sobre todo a las del Mediterráneo. Son muy aficionadas a la Costa del Sol oriental.

¿Qué medidas ha adoptado Zapatero? Las mismas de la crisis: ninguna. El Plan Medusa, que pactó el Ministerio de Medio Ambiente en la anterior legislatura, no se ha activado. Estarán esperando a que se vayan solas a sus cuarteles de invierno, se supone. Pero es de malos patriotas hablar de las medusas, que ahuyentamos al turismo y se agrava la crisis. Y con el pesimismo no arreglaremos nada, te picarán en el mismo sitio. Tampoco son sensibles a las medidas sociales, porque a las medusas no se les puede devolver 400 euros del IRPF, ni les vas a pagar para que tengan crías y den más por saco todavía. No vale proponerles un diálogo porque son intransigentes; y si las recibes con una sonrisita igual se mosquean y te ponen la cara del mismo color que el birrete del cardenal Rouco. También ellas son criaturas de Dios, aunque las hijas de la grandísima no lo parezcan.

En julio han llegado pocas a las costas "porque el agua dulce de las lluvias de primavera las ha mantenido alejadas de las playas", según expertos del Instituto de Ciencias del Mar. Rajoy, mientras tanto, calla. Se nota que a él no le han picado, o figuraría entre los acuerdos del apretón de manos de la Moncloa. "A las medusas ni agua", se dirían, con la que nos ha caído es necesario estar unidos. Si Rajoy tuviera un primo de su colección particular que fuera una eminencia en materia de medusas ya hubiera hablado, seguro.

Sepan que siguen ahí, en la costa. Y lo peor está por llegar.

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