Visto y Oído

francisco / andrés / gallardo

Zapeadores

PARA ser un programa "muy distinto" a Sé lo que hicisteis, según aseguraban sus contertulios, Zapeando se parece bastante a aquella gloriosa franja que se trabajó a pulso Ángel Martín. Ángel ya no vive aquí, acabó harto, pero Globomedia apela al espíritu de aquel programa para reintentarlo en la difícil sobremesa, hora que se rige por los hábitos sesteantes.

En lugar de aquella mesa en la que Patricia Conde era la locuela anfitriona, Zapeando se dispone en forma de coloquio, como La Clave, como Tómbola... como Sálvame. En lugar de hablar de los picores de la gente y de las adicciones de Belén Esteban, los de Frank Blanco intentan analizar y hacer autopsias de lo que echan por la riada de canales y los portales de vídeos. Una idea sencilla y tan voraz que necesita bastante alimento a diario para mantener el tono.

En el primer día Zapeando no fue a degüello, todavía no lo hará, y prefirió juguetear con productos de la casa, bromeando sobre El tiempo entre costuras y haciendo un guiño al hermano mayor, a El intermedio, que para eso además andaba por allí Thais Villas. Zapeando habla de una cosa de la que nos gusta mucho hablar a todos: hablar mal de la televisión. Y vive Dios que habrá motivos todos los días. La cuestión es saber si hay guionistas, improvisación y chispa para aguantar semanas y semanas de zapeo y convencer a una audiencia que ha dejado de sintonizar La Sexta a las cuatro. En la primer entrega no hubo motivos suficientes para hacerse fan. Frank Blanco y los suyos tienen que rodar. Miki Nadal debe engrasarse de nuevo y el locuaz y seco Sergi Mas garantiza bilis aunque comenzara con fallos de series olvidadas ya como Toledo.

Nota: necesita mejorar.

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