Las dos orillas

José Joaquín León

El aborto como problema

PUEDE ocurrir que la ampliación del aborto se convierta en un problema inesperado para Zapatero. Y, en tal caso, la nueva ley serviría para lo contrario de lo que probablemente buscaba. En unos momentos de dificultades económicas y sociales, insistir en el aborto era una forma de remarcar el izquierdismo de Zapatero. Sabía que los grupos antiabortistas, con la Iglesia y la mismísima Conferencia Episcopal detrás, se movilizarían. Por enésima vez, le atacaría su enemigo preferido para alzar la bandera que le interesa: la del progrerío barato que no afecte al bolsillo.

Pero le puede salir el tiro por la culata. Dentro del propio PSOE empiezan a surgir voces como la de José Bono, abogando por que la modificación del aborto sólo se realice con "un gran acuerdo" y "el mayor consenso posible". Para desmarcarse, Bono supo elegir el momento (el día después de la manifestación de Madrid) y el lugar más adecuado (la Catedral de Toledo, donde estaba para la beatificación del cardenal Sancha). Pero lo de Bono no deja de ser anecdótico. No creo que perjudique a Zapatero, sino lo contrario; va en la línea de que se puede ser católico y del PSOE, como Bono. El problema viene de que el aborto en España empieza a ser una cuestión transversal. Frente al tópico maniqueo de que la derecha está contra el aborto y la izquierda a favor, también ocurre lo contrario: hay personas que se consideran de izquierda y están contra el aborto, como hay votantes del PP que lo apoyan.

En las encuestas siempre sale que la mayoría de los españoles están a favor del aborto, con unos porcentajes superiores al 60%. Sin embargo, en las manifestaciones siempre se ha visto más gente contra el aborto que a favor. Puede que ni lo uno ni lo otro sea determinante. Pero sí parece que ahora las personas contrarias al aborto van en aumento. Curiosamente, entre los jóvenes, incluso entre los que votan a la izquierda, hay muchos que defienden la vida desde el principio. Y por ahí me parece que es por donde se están empezando a poner atacados de los nervios. De ahí también esos intentos de descalificar y minimizar una de las manifestaciones más masivas de la democracia. Está claro que no había dos millones de personas, pero tampoco 55.316, como ha difundido una empresa medidora amiga.

La oposición al aborto empieza a recordar lo que ocurrió con la oposición a la pena de muerte. No era una cuestión de derechas ni de izquierdas. Tampoco es un problema de conciencia religiosa que se trata de imponer a los no creyentes. En esto no se pretende imponer el dogma de la Inmaculada, o así, a toda la población. Se trata de defender la vida desde el principio, o desde unas semanas después. Depende de cómo se mide la vida. Ni más, ni menos.

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