Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Un accidente y una obligación

La Liga trajo un tropiezo del Sevilla que no fue culpa suya y un triunfo del Betis indispensable para tener vida

COMOQUIERA que el vértigo de la competición se hace artificioso a veces, como resulta que al Betis le pasó lo que pasó a las primeras de cambio con un inopinado K.O. en el torneo del ídem y lo del Sevilla esta noche en Cartagena es como un bolo sin interés alguno, no cabe otra que recordar lo que ha dado de sí la Liga a la par que pasar por el nuevo batacazo de Juande. Creo en Juande, pues lo que hizo en el Betis y luego multiplicó en el Sevilla es para tenerlo muy en cuenta, pero, caramba, si se le enquistó Londres tras un gran principio y fue arrollado por Barça y Liverpool en Chamartín, la brevedad de Moscú ha sido demasiado.

No creo que la carrera del excelente técnico manchego se haya acabado junto a la Plaza Roja y corramos a prestarle atención a lo ocurrido en la reciente jornada liguera. La jornada ha sido para que el Barça confirme una vez más, y van muchísimas, que de él al resto hay una caminata y para que el Valencia siga mostrando sus credenciales para optar con fuerza a un lugar al sol de la Champions. Fue una jornada que el Sevilla desperdició aun sabiendo que su más cercano antecesor, el Realísimo, no había podido doblegar al Sporting, un equipo modélico manejado con tino por un entrenador modélico y persona ejemplar, el cántabro Manolo Preciado.

Hay que convenir en que lo del Sevilla a altas horas de la noche fue un accidente en el que quien menos culpa tuvo fue el propio Sevilla. Un accidente de los muchos que acarrea el fútbol, pero doloroso porque se fue al limbo una oportunidad buenísima de mantener el pulso con los grandes. Y en cuanto a lo del Betis en Gerona, en un estadio indigno de escenificar un partido liguero del Betis, pues poco que reseñar. El equipo anduvo como siempre, pero ante un rival peor que ninguno y para que en cuanto surjan los que saben decanten la balanza a favor. Y algo claro, bienvenido el triunfo porque otra cosa hubiese sido para muchas noches de cuchillos larguísimos.

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