Desde mi córner

Luis Carlos Peris

En el adiós al más brillante de los canteranos

ESE vendaval informativo del aunque me voy no me voy de Monchi le ha quitado una barbaridad de protagonismo a la noticia del adiós del canterano más brillante que parió la carretera de Utrera. Un talento con el balón que fue capaz de concitar el fervor de Nervión desde que Joaquín Caparrós le dio la camiseta del primer equipo tras aquel debut puramente testimonial que le proporcionó Marcos Alonso una tarde torcida en La Romareda.

José Antonio Reyes se hizo icono del sevillismo desde un gol en Montjuic y así fue hasta que se convirtió en el auténtico generador de la gloria. Su traspaso al Arsenal le proporcionó al Sevilla la dicha de hacer buena aquella sentencia de José María del Nido calificando de calderilla una deuda que apabullaba a sus antecesores. Fue una inyección económica que paliaba en buena medida el desgarro que produjo en el sevillismo la marcha de su estandarte principal.

Fue el primer futbolista español en ganar la Premier, pero Londres se le caía encima y hasta Arsène Wenger, su gran valedor, se hartó de él. Vino al Madrid de Capello y fue determinante para ganar la Liga, pero, como tantas veces en su vida, tomó una decisión errónea para vivir un infierno en el Calderón que sólo arregló Quique Sánchez Flores tras haberlo tenido cedido en el Benfica. Triunfó con estruendo de rojiblanco y volvió a Nervión como regalo de Reyes de 2012.

En su retorno ocho años después ya juega por detrás del balón y lo que ha perdido en explosividad lo ha ganado en visión y creatividad. Está en un Sevilla infinitamente mejor que el de su primera época y los títulos vuelven a abrillantar su currículo. No sé qué va a hacer el utrerano en adelante, pero el sevillismo llora su marcha y eso es por algo. Cuando los llantos de enero de 2004 cabía la esperanza de su vuelta, pero en el adiós de ahora no hay vuelta atrás, sólo tristeza.

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