la esquina

José Aguilar

El alcalde que fue juez

NO es un alcalde cualquiera, sino el alcalde de la capital de Andalucía, el presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias, el chico mimado de Arenas y -a través suyo- de Rajoy, el estandarte del municipalismo que busca implantar el PP. Y un auténtico símbolo de la victoria de este partido.

Precisamente por eso debería cuidar mucho sus gestos y actitudes, y más sobre cuestiones que afectan de manera directa a la Justicia, a cómo se organiza, a quienes la imparten y a qué concepto se enseña de ella a los ciudadanos. Porque Juan Ignacio Zoido es también juez, en excedencia, lo ha sido en Sevilla, y en Sevilla ha ejercido de decano de todos los jueces. Parece que se le ha olvidado.

En Sevilla es donde se ha producido un fallo judicial que ha causado rabia, indignación y protestas masivas. Muchos miles de personas las han compartido con la familia de la víctima de un crimen espantoso, agravada porque el autor o autores han sido tan canallas que le han arrebatado hasta el consuelo de poder darle un entierro digno y concluir al menos ese capítulo de su duelo infinito. Pero la manifestación, marcada por los sentimientos y no por la cabeza -tal vez fuera inevitable, lo reconozco-, se ha orientado en una dirección errónea: contra las leyes y contra los jueces. No son las leyes las que han impedido castigar a los que mataron a Marta del Castillo e hicieron desaparecer su cadáver, ni son los jueces de la Audiencia los causantes de la impunidad parcial que planea sobre los autores del crimen. Los jueces han dictado sentencia a tenor de las pruebas, testimonios y peritajes aportados al juicio. ¿Acaso podía ser de otro modo?

Esto es difícil de explicar a una multitud justamente enfurecida, e imposible a una familia desgarrada a la que han destrozado la vida, pero tendría que ser fácil de entender para un juez, incluso excedente. Zoido traspasó completamente la línea roja que marca la diferencia entre la solidaridad debida y la demagogia populista. Como alcalde pudo, y debió, reunirse con los padres de Marta y expresarles afecto, consuelo, empatía y calor en estas horas tan amargas, en nombre de todos los sevillanos. No debió colocarse -pero lo hizo- a la cabeza de la manifestación y compartir la repulsa y los gritos contra las leyes y contra los jueces. ¿Qué sentencia habría dictado el juez Zoido si hubiera estado en el lugar de sus compañeros insultados que decidieron en conciencia y a tenor del desarrollo del juicio?

Hace poco el alcalde Zoido quitó gravedad a la condena, a siete años de prisión, contra el presidente de un club de fútbol, por un delito grave de corrupción, argumentando que la sentencia no es firme. Meses antes había exigido la dimisión inmediata de un concejal de IU que estaba sólo imputado. Se ha olvidado de que fue juez, sí.

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