La ventana

Luis Carlos Peris

El alto riesgo de vivir junto al estadio

ÉRAMOS pocos y parió abuela, qué le vamos a hacer si esto es lo que hay, si no hay quien ponga pies en pared para que esos delincuentes que sacan lo peor de sí mismos al rebufo del fútbol no campen a sus anchas. Lo peor de todo es que campan a sus anchas y además intimidan a probos ciudadanos que tienen la mala fortuna de vivir cerca del campo de fútbol. Y es que cuando no es en Nervión Plaza es en la calle Tajo, cuando las bufandas no son rojas son verdes, o azules, como las de esos gallegos que embadurnan la imagen del Coruña y que tan espuriamente hermanados están con una de las dos ominosas facciones sevillanas. Como si no tuviésemos bastante con lo que tenemos, ahora surgen invitados a esta ceremonia de la confusión y del oprobio para aterrorizar a ciudadanos de perfil corriente por mera cuestión de vecindad. Y es que tal como están las cosas, vivir junto al estadio conlleva un riesgo indudable y altísimo.

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