tiempos modernos

Bernardo Díaz Nosty

El ancho estrecho

COMENTABA un periodista de Le Monde, en un encuentro profesional amable, el pobre concepto que el ciudadano francés de cierta edad sigue teniendo de los españoles. Una percepción que, para los más jóvenes, es muy distinta. Las generaciones españolas que estudiaron la lengua francesa, miraban a Francia con simpatía o rechazo, pero desde un cierto complejo de inferioridad que ha desaparecido. Francia tiene hoy un perfil muy plano.

Muchos de esos desprecios de vecindad marcan nuestra mirada de Marruecos, un país con el que se dan contrastes más fuertes de los que nos separaban, hace cuarenta años, de Francia. Entonces, los medios galos apostaban por el fin de la dictadura en España y las crónicas de Marcel Niedergang en Le Monde eran el pasto de los demócratas, eso sí cuando la ley de Fraga no prohibía la llegada de ejemplares a los quioscos, síntoma del inequívoco interés del periódico.

El ancho estrecho que nos separa de Marruecos amortigua la preocupación por lo que está ocurriendo en la orilla sur del Mediterráneo. La gran manifestación del fin de semana pasado en la cercana Tánger queda lejos de nuestra opinión pública. Es la gente joven de allí, que se ha incorporado a los nuevos usos tecnológicos, la que rompe la penumbra informativa con la que han vivido sus mayores. La desinformación y la censura han sido contestadas por las redes sociales en Egipto, Túnez, Siria, Libia, Marruecos… El camino de la transparencia conduce a la democracia, el final de la corrupción y el protagonismo social. Pero en el ancho estrecho la intolerancia aún podría aprovecharse del aparente cambio en el etiquetaje occidental, a mitad de camino entre el cinismo y la prudencia.

Si hace unos meses se movía a la opinión marroquí contra los españoles, por el asunto del Sahara, las avanzadillas del cambio, que son contrarias a una democracia graciable de la voluntad real, ahora miran a España, a su monarquía parlamentaria y a la descentralización autonómica, como diques al tsunami de la orilla sur del Mediterráneo. No es fácil el cambio. El atentado de ayer en Maraquech abre muchas dudas…

A nuestros vecinos les preocupa menos si no llega el periódico extranjero que pone luz sobre la opacidad de Palacio, como sucedía en la España de los años setenta, porque hoy las ediciones digitales burlan barreras. Estas filtraciones ayudan a combatir la propaganda de las autocracias, aunque no es fácil saber si en el camino hacia la libertad aparecerán, utilizando esos mismos medios o el terror de siempre, los pregoneros de la intolerancia que ensancharían más el estrecho… A pesar de todo, nada justifica volver la espalda a quienes piden democracia.

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