Cosas que pasan

Ricardo Castillejo / Rcastillejo@grupojoly.com

Un año redondo

POR qué Isabel Preysler se pone un trapo viejo y le queda divinamente y al resto de los mortales nos tiene que estudiar un estilista y ni por ésas a veces consiguen sacarnos partido? ¿Cómo lo hace esta mujer para no ser pillada nunca en un renuncio? ¿Es Filipinas el secreto de su elegancia? Digo esto porque, como nuestros orígenes aportan tantos datos sobre nosotrosý

En fin, sea lo que sea, su misterio es casi tan atractivo como el de la Gioconda y, ya puestos, el código de su belleza parece estar más oculto que el de Da Vinci.

Retoquitos de nariz por aquí, chutecitos de vitaminas por allá comentan que, uno de los alquimistas que así de espléndida la mantienen, es el conocido doctor Christian Chams, dermatólogo responsable de la eterna juventud de otros muchos famosos pudientes.

Lo que pasa es que dinero y buen estilo no siempre van de la mano. La percha es la percha y, fabricada la de la Preysler, tiraron el molde. Y, aunque desde el jueves vuelva junto a sus tres hijas a ocupar la portada del ¡Hola! -donde empieza a estar un poquito vista, sinceramente-, yo me quedo esta vez con el reportaje interior de Flashito, el perro de la duquesa de Alba.

Vestido de Papa Noel, con su correspondiente abrigo rojo y gorrito sobre la cabeza, el pequeño can de doce años posa cual modelo profesional ante las cámaras de los reporteros a las puertas del Palacio de Liria mientras que su dueña, desde dentro, advierte que tengan cuidado con él no vaya a constiparse por las bajas temperaturas invernales.

No es por criticar pero, aunque cada uno con lo suyo haga lo que le venga en gana, frivolidades así resultan algo excesivas fuera aparte de que se tengan tantos títulos y propiedades como nuestra querida Cayetana.

Eso no quita para que, el mencionado Flashito sea monísimo y que sus fotografías hasta despierten ciertas sonrisas. Quedaría, en todo caso, lo de preguntarle a él su opinión aunque, mucho me temo que, a pesar de pertenecer a tan alta cuna, de su boca jamás saldrá otra cosa que "guau, guau".

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