La crónica económica

Gumersindo Ruiz

El arte de lo posible

SI la política es el arte de lo posible, la política económica nos enfrenta permanentemente con la imposibilidad de proporcionar un crecimiento estable y sostenido a economías que, por su propia naturaleza, funcionan con una lógica de mercado.

Durante años hemos oído las críticas que se han hecho a las políticas públicas y sus efectos negativos a largo plazo sobre el funcionamiento de la economía; pero ante una situación de incertidumbre es casi unánime la opinión de que debe recurrirse al Estado en busca de soluciones. Además, al Estado central o a entes supranacionales como el Banco Central Europeo, porque no se confía en que los gobiernos autonómicos y locales puedan hacer algo sustancial en relación a los problemas actuales.

Con las medidas del Gobierno pueden hacerse cinco grupos. El primero sería de estímulo fiscal al consumo, con una deducción de hasta 400 euros en las retenciones del IRPF, parte en junio y luego el resto del año; y también, la eliminación del impuesto sobre el patrimonio. Un segundo grupo es para la vivienda, con mejoras de la consideración de la rehabilitación a efectos de estar sujeta a IVA y no al impuesto de transmisiones, lo que hace deducible esta actividad; para la vivienda es además, aunque muy modesta, la medida de facilitar la ampliación de los plazos de la hipoteca. Para dar liquidez a la empresa se puede solicitar, a partir de 2009, la devolución del IVA mensualmente; y el Instituto de Crédito Oficial puede avalar (se amplía su capacidad en 4.000 millones de euros) los títulos que tienen como subyacentes créditos hipotecarios y a pequeñas y medianas empresas, con lo que esta medida está entre el apoyo a la vivienda y, en general, a la empresa. Un cuarto grupo es la ejecución de obra pública, que sí incidirá de forma inmediata en la actividad; y, por último, hay medidas para facilitar el ajuste entre demanda y oferta de empleo, con apoyo a la recolocación y a la movilidad geográfica.

Estas medidas no van a ser suficientes para contrarrestar un previsible descenso en la actividad productiva, pero hay que plantearse si esto en sí mismo es posible. Las propuestas que han aparecido como alternativas a las medidas del Gobierno pueden agruparse así: liberalización energética y búsqueda de una cierta independencia en este ámbito; mayor liberalización del mercado de trabajo; liberalización del consumo interior; y mayor reducción de impuestos. Aunque algunas de ellas son desde luego necesarias, no tendrían un efecto a corto plazo; en cuanto a las liberalizaciones, conviene recordar el esfuerzo de Rodrigo Rato por introducir competencia en la venta de gasolina y abaratar el precio, sin que tuviera efectos apreciables.

Excepto cuando son claramente resultado de malas prácticas de gobierno, las recesiones y crisis no suelen ser responsabilidad de los gobiernos, sino del funcionamiento normal de la economía. Igual ocurre con las etapas de prosperidad. En una economía de mercado como la nuestra han sido las empresas (capital financiero y no financiero, directivos y trabajadores) los protagonistas del crecimiento, lo son ahora de los desequilibrios, y lo serán de la vuelta al equilibrio en un futuro más o menos próximo.

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