Los ciriales

José / Joaquín / Gómez

La asignatura pendiente

ES indudable que el principal fin de nuestras hermandades, el culto, es ejemplarmente cumplido por las mismas. También es verdad que, siguiendo la recomendación evangélica, en ningún momento podemos quedarnos sólo en el culto, sino que hay que dar un paso decisivo hacia adelante que acredite su autenticidad con el ejercicio de la caridad hacia los más necesitados; labor que, aunque ha mejorado en los últimos años, en ningún momento nos podrá parecer suficiente, máxime en estos tiempos de crisis. Si no hay caridad de nada nos valen los cultos.

Pero no es aquí donde quiero aterrizar, hoy quiero apoyarme en esta columna para reflexionar sobre la urgente labor de formación que necesitamos impartir a todos los niveles, fundamentalmente hacia los más jóvenes.

Es inmenso el camino que nos queda por recorrer en esta parcela. Qué extraño resulta recibir un boletín informativo de cualquier hermandad y encontrar en sus páginas una convocatoria o información sobre la celebración de un acto formativo, no digo de un ciclo.

Nos sobran los dedos de una mano y así nos luce el pelo, porque sus consecuencias las estamos ya percibiendo en la actitud de muchos cofrades en la que cada vez se acepta más el todo vale o el no pasa nada, que termina -qué habitual es esto- trivializando nuestro propio comportamiento, dejando de manifiesto una terrible ignorancia no exenta de una gotas de osadía.

No pueden nuestras hermandades dar la espalda a esta urgente labor de formación, ni escudarse en el poco interés que los mismos despiertan. Nos preocupamos con toda razón de preparar cada día más a nuestros hijos en el aprendizaje de idiomas, en cursos en el extranjero o en másteres de todo tipo; y sin embargo no nos damos cuenta de que una buena formación cristiana les será mucho más útil para enfrentarse a las vicisitudes que la vida les depare.

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