La ciudad y los días

carlos / colón

No somos bananeros, todavía

LEÍA en Le Monde el pasado día 23: "Podemos no esconde sus ganas de infringir al PSOE la misma suerte que al Pasok en Grecia: enviarlo al basurero de la historia". Hoy sabemos si lo ha logrado o no. Hace un cuarto de siglo esta pretensión habría parecido un disparate. Pero el destino de los partidos socialistas del sur de Europa ha dado lecciones: en 1994 se disolvió el italiano (fundado en 1892), en 2015 el Pasok griego quedó en sexto lugar y los socialistas portugueses están cogidos por su pacto con los comunistas y el Bloco de Esquerda tras perder las últimas elecciones, con los resultados del freno de la recuperación económica y la entrada en recesión ("Si esto sigue así, vamos mal", ha dicho el ex ministro socialista Vera Jardim).

Todo es posible en esta segunda década del sorprendente siglo XXI que está contemplando el ascenso de la extrema izquierda comunista y/o populista en el sur (España, Italia, Portugal, Grecia) y de la extrema derecha neofascista en el norte (Francia, Austria, Holanda, Bélgica, Finlandia, Suecia o Dinamarca), donde se ha establecido como segunda o tercera fuerza política. ¿Quién había de decirlo 71 años después del final de Segunda Guerra Mundial y 27 después de la caída del Muro? ¿Será posible que las ideologías del siglo XIX que convirtieron el XX en "el más cruel de la historia" (Arendt) emponzoñen el XXI?

Ya se verá. En nuestro caso el resultado de las elecciones puede arrastrarnos a este resurgir del radicalismo que amenaza a Europa; cuna, no se olvide, de las dos ideologías más letales que la humanidad haya conocido. Y no me baso en juicios subjetivos ideologizados, sino en la verdad de las cifras: nunca un sistema político ha causado tantas víctimas en tan poco tiempo -es decir, con tanta eficacia para matar a escala industrial- como el comunismo y el nazismo.

Lo repito, ya se verá. En cualquier caso de lo que estoy seguro es de las garantías democráticas del proceso. Todavía no somos una república populista bananera y no vale el gravísimo disparate que Pablo Iglesias soltó la semana pasada: "Este Ministerio y este ministro del Interior son los encargados de velar por la seguridad en las votaciones el domingo. Creo que todos los ciudadanos tenemos serias razones para estar preocupados". Intolerable mentira que retrata al individuo y a su partido. Pero mentir da victorias. Que se lo pregunten a los británicos que creyeron a Farage.

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