Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

La barbacoa

POR partido doble, en el verano de la crisis más aguda, han regresado El semáforo y Furor, dos de los mejores ejemplos de la televisión más desafinada de la historia. Se llaman de otra manera, pero son lo mismo: entretenimiento para pasar el rato despanzados en el sofá, sin más resortes ni obligaciones.

Desde hace unos lunes José Corbacho se posa sobre las espaldas de Pilar Rubio para proclamar que Todo el mundo es bueno y largar un yunque (virtual) o una trampilla (real, como la de Ahora caigo), para cargarse a todos los artistas anónimos, frikies de saldo y restos de tientas de casting, que han encontrado por todos los catálogos. Puede haber quienes se quejen y critiquen de esto, pero Telecinco, como el algodón, no engaña con este show. Minutos de gloria a bajo precio para gente sin vergüenza. Como aquellos karaokes de las noches de los 90, antes de que Telecinco descubriera los realities, ni hieren, ni asustan... sólo dañan los oídos.

Jaime Cantizano ha sido repescado de los platós del corazón, desterrados por ahora de Antena 3, para conducir Dando la nota, ese también repescado Furor donde Sergio Alcover adoba ahora lo suyo como alma de discoteca ibicenca. Dos equipos de famosos, con guapas, chicos monos y graciosos en proporción (Anna Simón, Ana Milán, Jadel, Miki Nadal o Florentino Fernández en la primera entrega) se entregan a la carcajada cantando a todo pulmón, sorteando peritajes solfeísticos y echando mucha cara para que el espectáculo no decaiga. El verano, ya lo sabe, es así. Siempre será mejor una cena al aire libre, un paseo al anochecer o un despendole, totalmente real, hasta que el sol salga por Antequera. Hay cosas mejores para hacer en estos días. Si opta por encender la tele, en fin, aténgase a las consecuencias. Es lo que hay.

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