El poliedro

El biocarburanteplanta cara a Goliath

Impresiona la polarización del estado de opinión sobre asuntos vitales, como el futuro energético

MIENTRAS nuestros cocineros más postineros dirimen sus rencores con la excusa del nitrógeno líquido y la metilcelulosa, y despreciamos o justificamos a Eurovisión o Luis Aragonés, asistimos de manera creciente a debates con contendientes absolutamente polarizados en temas fundamentales para la humanidad. Científicos y expertos que niegan el cambio climático o la influencia del hombre en el mismo, frente a otros que van de multimillonaria gira apostólica y apocalíptica; universidades enteras financiadas por el lobby petrolero tejano desde las que se emiten estudios, informes y titulados claramente alineados con la causa de su amo; profesores que radicalmente dicen sí o no a la energía nuclear o las renovables con argumentos tan sólidos como opuestos; economistas, consultoras globales y think tanks que vaticinan que el petróleo llegará a 200 dólares o que, por contra, la muy especulativa burbuja petrolífera está a punto de estallar. Aun bebiendo de estas esquizoides oleadas de incertidumbre y perplejidad, el asunto energético es el asunto.

Al hilo de un estado de opinión bipolar, ayer, el periódico de mayor tirada nacional, El País, señalaba como causa del aumento del precio de los alimentos (y, por tanto, del mayor empobrecimiento de los países ya paupérrimos) a los biocarburantes, que se nutren de cereales y otros vegetales: "Los biocarburantes causan un tercio del alza de los precios", rezaba el titular. El informe equipara la demanda para biocarburantes y el aumento de la demanda mundial de energía como causas del aumento de precios alimentarios, según se desprende de la fuente que utiliza el reportaje en cuestión, el informe anual sobre Perspectivas Agrícolas Mundiales elaborado por la OCDE. Sin embargo, para los productores de biocarburantes, esto es un mito, y las causas de la inflación alimentaria que amenaza la estabilidad mundial hay que buscarlas, primero y por supuesto, en la mayor demanda de alimentos de China e India, que quieren y pueden comer más y mejor. Además, los productores de esta nueva forma de energía señalan como factores inflacionarios a las malas cosechas y la especulación financiera de los mercados internacionales de cereales. E incluso a las paradójicas medidas de la Política Agraria Comunitaria, que mantiene tierras sin cultivar. Es obvio que la guerra entre el petróleo y los biocarburantes está servida, probablemente desde hace tiempo de manera sorda, y ya abierta y sin caretas. El orondo y todopoderoso Goliath frente al emergente David.

En esta lucha abierta, una empresa andaluza, Abengoa, ha decidido contrarrestar el evidente ataque mediático y "científico" de las petroleras, que quieren destrozar el tren de juguete -por pura comparación de la dimensión de los dos tipos de carburante- antes de que crezca y les mate las ovejas, al tiempo que lanzan costeadísimas campañas publicitarias verdes. Es mucho lo que hay en juego. Una empresa, Abengoa, que ha basado su estrategia en la sostenibilidad, que ultima un inventario de emisiones de sus casi tres centenares de empresas y que está excelentemente posicionada en toda América, incluida la del norte, ha puesto muchos huevos en esa cesta. Ha jugado a ganar, sin complejos y con claridad de ideas, aun corriendo un riesgo innegable en su valor de mercado. Ha desafiado a quien tiene la sartén por el mango, como de una u otra manera debía pasar tarde o temprano con una fuente energética (al parecer) escasa, geopolíticamente contaminada por una fuente de conflicto y desafío al orden establecido como es el Golfo Pérsico, Nigeria o Venezuela. Y extraordinariamente cara en la actualidad, con lo que su impacto en el mundo puede ser devastador. De hecho, ya lo está siendo en países como Bangla Desh o Paquistán. Abengoa, ahora, quiere demostrar desde España, y desde el Sur de España, que no hay hegemonía que mil años dure.

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