Juan Ruesga Navarro

La calle Mateos Gago

No soy el primero ni el último que va a escribir sobre la actual situación de la calle Mateos Gago. Y hoy no lo hago como alguien preocupado por los problemas de Sevilla. Tampoco como un sevillano más, ni siquiera como vecino del barrio. No, lo hago como persona con un cierto sentido común, que creo tener. La manera en que está la calle Mateos Gago es sencillamente inaceptable e imposible de que continúe así más tiempo. Me refiero principalmente al tramo entre la plaza de la Virgen de los Reyes y el entronque con la calle Mesón del Moro. ¿Cuál es el problema? Quizás ya lo sepan si pasan por allí. Con coches aparcados a ambos lados. Con las dos aceras ocupadas con veladores. Los viandantes tenemos que esquivar mesas, camareros y expositores de comercios. Y finalmente pasar a caminar por la calzada. Y compartirla con los automóviles que pasan a menudo, pues es una de las pocas salidas del centro. Y con los vehículos de carga y descarga. Y con los coches de caballos y los grupos de turistas a los que les respetamos unos instantes para que puedan hacer su foto de la Giralda.

Ésta es la situación y no entro en más detalles porque no quiero ser pesado ni catastrofista. Ya saben de sobra de lo que estoy hablando. Hasta ahora de nada ha servido el trabajo incansable de la Asociación de Vecinos, que tantas cuestiones resuelve. En este asunto aún no ha podido alcanzar una solución con las diferentes corporaciones municipales. Porque no es una cuestión de ayer ni de la última corporación, ni siquiera de la anterior. No, es de todas porque ninguna lo ha afrontado. Al menos que me conste.

No soy nostálgico de la Sevilla de otros tiempos. O al menos lo justo, porque en realidad creo que añoro más mi infancia que la Sevilla en la que la viví. Prefiero buscar en la ciudad actual los momentos de disfrute. Algunas mañanas, si tengo cuestiones que me llevan en esa dirección, procuro madrugar un poco más y poder recorrer la calle Mateos Gago con todos los comercios y bares cerrados. En ocasiones recién regada. Y contemplo el esplendor de la calle, su arquitectura regionalista, las vistas hacia las pequeñas calles a ambos lados. La mole de la Giralda que se aparece e impresiona como la primera vez, iluminada por el sol de la mañana. Todo eso está allí. Incluso cuando está atiborrada de obstáculos. A veces se me ocurre buscar mi casa sin pasar por Mateos Gago. Y a continuación me revuelvo contra mí mismo. Una cosa es protestar todos los días y otra el conformismo cómplice.

Es desagradable y poco lucido el papel de Pepito Grillo. Ya lo sé. Pero hay cuestiones que deben tener solución. La nueva corporación lleva pocas semanas y muchos asuntos que afrontar. No deben olvidar cuestiones como la calle Mateos Gago. He leído que están estudiando cómo mejorar la accesibilidad del centro, un plan de aparcamientos, peatonalizaciones puntuales, etcétera... Bienvenidas las mejoras que se alcancen. Como hemos comentado en otras ocasiones, resolver con eficacia las grandes cuestiones y los asuntos cotidianos es lo que define a una buena corporación municipal y a su alcalde.

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