PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

Los carroñeros del desempleo y la industria de poner el cazo

DESPOJADA de empleo un tercio de la población activa, y con pésimas perspectivas de futuro porque se pagan las consecuencias de todo lo que este país se ha engañado a sí mismo, los agentes sociales tienen una difícil papeleta de la que se habla poco. Cómo afrontar la reconversión de un sector tradicional de nuestra economía: la industria de los comisionistas. El negocio de llevárselo calentito. A ver quién se atreve a dejar sin trabajo a todos los maniobreros de las pequeñas mordidas o de las grandes corruptelas. Y aún peor sería prejubilarlos. Si de extinguir puestos de trabajo han hecho su especialización políticos, sindicalistas, empresarios y bufetes (repasen la lista de imputados ayer por la juez Mercedes Alaya), pescando en el río revuelto de los centenares de millones de euros que, por una intermediación innecesaria, se han movido de acá para allá mientras a los funcionarios se les ha tenido de brazos cruzados y mirando para otro lado.

Tan valioso es dedicarse a la destrucción de empleos que incluso se ha guardado en caja fuerte un pacto de prejubilación por medios reprobables. El de la empresa jiennense Cárnicas Molina, con el visto bueno de representantes de la Junta, UGT y CCOO. Desvergüenza a buen recaudo, patentada por Juan Lanzas, quien después ejerció de correveidile en el ERE de Mercasevilla y en toda la trama de falsos prejubilados.

En la empresa sevillana de abastecimiento se han descubierto, con años de retraso, el pago de dos millones en concepto de los trámites de las aseguradoras para las pólizas de los ERE. La tardanza en descubrir honorarios tan depravados indica que a los políticos (incluidos los de la oposición) en un consejo de administración como el de Mercasevilla les cuelan cualquier cosa si se limitan a dar por bueno lo que les ponen por delante y no preguntan por la letra pequeña. Y qué decir de la Consejería de Empleo de la Junta, que metió por medio en los ERE a la aseguradora Vitalia, a la que el Ministerio de Economía le había denegado autorización para operar como corredor de seguros. A una empresa no habilitada para esa función, se le han dado hasta un 25% en comisiones por actividades que se pagan con un 1% del montante.

La ventilación de tanta hediondez dificulta la producción de mangoleta, materia prima del comisionismo con el que se llenan los bolsillos quienes saben que trabajar es muy trabajoso. Estando en peligro la supervivencia de este sector tan boyante y genuino de nuestra economía, urge tomar medidas para que la próxima Encuesta de Población Activa no eleve más la cifra de parados porque haya que añadirle la inactividad de los expertos en poner el cazo. La primera puede ser crear el Colegio Oficial de Comisionistas, con el fin de evitar el intrusismo profesional en el arte de suscitar complicidades para corromper, así como impartir cursos de formación, por supuesto subvencionados, para perfeccionar el disimulo de sus prácticas mediante el uso de nuevas tecnologías.

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