La tribuna

Antonio-Claret García

Una celebración europea

LOS días nueve de mayo de cada año se celebra el Día de Europa, conmemorándose la propuesta que Robert Schuman hizo en 1950, recién terminada la II Guerra Mundial, para la creación de una Europa organizada como requisito previo para el mantenimiento de relaciones pacíficas entre los pueblos.

El proceso de integración europea que, sin prisas pero sin pausas, se ha venido desarrollando desde entonces ha estado basado, fundamentalmente, en premisas económicas y monetarias, buscando la libre circulación de personas y mercancías dentro de los países de la Unión, lo que indudablemente ha contribuido a un notable crecimiento económico de los mismos.

Pero la Europa unida del siglo XXI tiene que mirar hacia delante, siendo necesario que se trascienda de una visión meramente económico-financiera del proceso de integración. Los próximos pasos de la misma han de ser inequívocamente políticos y sociales y para que ello sea un éxito, es necesario que la ciudadanía de a pie conozca, crea y confíe en el proyecto.

Porque la Europa que viene, la Europa que tenemos que seguir construyendo entre todos, es la Europa de los Ciudadanos. Y precisamente para ello nació el Movimiento Europeo Internacional, hace ahora sesenta años, en un congreso celebrado en La Haya en 1948, bajo la presidencia de Sir Winston Churchill y en el que participaron personalidades de la talla de Conrad Adenauer, De Gaspari, Paul Henry Spaak, Madariaga o el propio Francoise Mitterand.

Un Movimiento Europeo abierto a todas las tendencias políticas, económicas, sociales y culturales de la Sociedad Civil que se distingue por la defensa de los valores del europeísmo y de la construcción europea. Así, sus principales objetivos son promover y contribuir el establecimiento de una Europa Unida y federal basada en el respeto a los derechos humanos, la paz, la democracia, la libertad y la participación ciudadana.

Un movimiento que ahora mismo cuenta con treinta y nueve secciones nacionales que agrupan a los principales partidos políticos y asociaciones civiles europeas y en el que participa, desde 1984, el CAME, sección andaluza del Consejo Federal Español del Movimiento Europeo, y en que tiene representación de todas las fuerzas políticas parlamentarias de la Comunidad.

Este año 2008, para celebrar el cincuenta aniversario del Parlamento Europeo y el sesenta aniversario del Congreso de La Haya, el CAME ha galardonado a todos los Europarlamentarios de origen andaluz con el Premio José Blanco White porque, a lo largo de las diferentes legislaturas en que han ocupado dicho puesto y a través de su trabajo y actividad, han contribuido a fomentar el europeísmo en nuestra tierra.

Este galardón lleva el nombre de un pensador honesto y comprometido, uno de esos intelectuales a los que les dolía España. Una España corta de miras, que sólo atendía a lo que pasaba de puertas adentro, intentando mantenerse inmune a las influencias que venían del extranjero. A través de sus Cartas desde España, por ejemplo, José Blanco White reivindicaba la necesidad de un país abierto, tolerante y moderno. Una España que, sin renunciar a sus costumbres y tradiciones, fuese más permeable a las ideas que ya fluían libremente por otras sociedades europeas.

Por eso tenemos que estar muy alertas acerca de un fenómeno que, de un tiempo a esta parte, venimos detectando otra vez: los nacionalismos y la fuerza que están recuperando en el continente. Hemos de potenciar un Federalismo Europeo en el que se integren naturalmente los estados-nación que tienen su origen en el siglo XIX y que, a estas alturas, están superados por un mundo globalizado.

Una Europa en la que España y Andalucía desempeñamos un papel muy importante y que, de cara a la Presidencia española de la Unión, en 2010, debemos seguir potenciando. Por una parte, porque compartimos una cultura y un idioma con decenas de millones de personas en Sudamérica, para las que tenemos que servir de puente de unión con Europa. Además, nuestra especial situación espacial hace que tanto España como Andalucía mantengamos una especial relación de proximidad con el Norte de África. Una proximidad geográfica que tenemos que contribuir a que también lo sea cultural y económica.

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