la esquina

A chufla lo toma la gente

LA confianza que está transmitiendo España en los últimos meses procede de las cifras y los datos, que son los que cuentan, y no de las palabras. De este modo, aproximadamente, ha querido el presidente Zapatero zanjar la polémica generada por la metedura de pata de su entorno durante el viaje a China.

Ocurrió que, tras su encuentro con los mandarines chino-comunistas en el que se habló de la compra de más deuda española y de la posibilidad de que China invierta en la capitalización de las cajas de ahorro, un portavoz autorizado del Gobierno se precipitó a anunciar que un fondo soberano de Pekín se disponía a inyectar 9.000 millones de euros. Convirtió lo posible en seguro, y la autoridad china tuvo que puntualizar que se trataba de un asunto en estudio, no de una noticia real.

El desacierto fue reconducido por Zapatero con esa formulación de que la credibilidad de España no había sufrido porque está basada en las reformas, ajustes y mejora de los parámetros económicos, que son constatables, antes que en las palabras, que pueden resultar inadecuadas y que, en todo caso, se las lleva el viento. Pero hubo mala suerte, porque para certificar la solidez de la economía nacional el presidente acudió a palabras precisamente desafortunadas. "Es un trasatlántico poderoso que va a seguir navegando con fortaleza", dijo, ignorante de que las efemérides las carga el diablo: las pronunció el mismo día, 99 años después, en que el trasatlántico más famoso de la historia, el Titanic, se hundió durante su primera travesía. El 14 de abril de 1912. La metáfora presidencial estropeada por la (falta de) memoria histórica.

De este modo, una visita objetivamente beneficiosa para el interés nacional y cuyas rentas se verán más pronto que tarde ha quedado deslucida por una nefasta puesta en escena o, si se quiere, por la obsesión de dar buenas noticias en tiempos en que éstas escasean. Lo peor es que el incidente potencia la peor imagen de un Zapatero patoso e irreflexivo, frívolo hasta la extenuación, que va a vivir lo que le resta de legislatura no ya como un líder amortizado que se retira con más pena que gloria, sino como un dirigente al que no hay que hacerle caso. "Las cosas de Zapatero" es la frase que más puede repetirse en los próximos meses, y es una frase que encierra desprecio y ninguneo.

Es preferible que te rechacen, como siente ya un amplio sector del electorado socialista, incluso que te odien, como manifiesta sin tapujos la derecha más visceral, a que no te hagan caso y no te tomen en serio. Y encima eso le pasa cuando sus hechos y sus datos empiezan a ponerle en la buena senda.

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