las dos orillas

José Joaquín León

La ciudad en blanco y negro

HAY una Sevilla que se nos escapa, que es destruida por el paso del tiempo y de algunos animales racionales. Hay una Sevilla que aún recordamos en blanco y negro. Esa ciudad sólo pervive en la ilusión de algunas fotos, que materializan lo que ya no existe, lo imposible. Y es, en esos raros casos, cuando la fotografía se convierte en patrimonio colectivo de un pueblo, en testimonio de la verdadera memoria histórica. El fotógrafo es así un ser que tiene algo de divino, porque crea una vida que resiste el paso del tiempo. Las más de las veces es también anónimo, como si su foto fuera una obra colectiva. Entre esos fotógrafos que nos hicieron perdurar la Sevilla en blanco y negro, hay uno que es fundamental: Jesús Martín Cartaya.

Es una pena que no tengamos dos cuerpos algunos días. Lo digo porque no pude asistir a la presentación de Sevilla en blanco y negro y color, un libro con fotos de Jesús Martín Cartaya, correspondientes a los últimos 60 años, que tiene textos de Álvaro Pastor Torres. Y con una presentación a cargo de José Luis Garrido Bustamante. Unas fotos de Jesús, con unas explicaciones de Álvaro (que es un erudito en sevillanía de la más fina y sutil), y con una presentación de José Luis (que ha sido la voz de una Sevilla que se reconocía en su voz) es un compendio tan infrecuente como delicado. Bocado de cardenal (Segura, Bueno y Amigo). Bocado en la memoria de tantos años.

A Jesús Martín Cartaya no se le ha valorado en Sevilla como merece. Más que un fotógrafo profesional (que no lo es, pues trabajaba en Cortefiel antes de jubilarse), ha sido como un notario que da fe con su cámara de fotos. Y sin trincar, que diría el Beni. Pues las fotos de Jesús tienen un sentido de la obligación y del deber que raramente se encuentra. A Martín Cartaya le he pedido yo en Abc fotos imposibles y me las daba. Cuando había un acto de esos a los que no va nadie, él tenía la foto. Cuando necesitaba algo antiguo, siempre lo hallaba. Cuando se le preguntaba por un fulano que alguna vez fue mayordomo de una cofradía del Lunes Santo, ahí estaba la foto.

Por eso, este libro que presentaron en el Palacio de los Marqueses de la Algaba hace relativa justicia a la deuda que tenemos con Jesús Martín Cartaya. Pues hay una Sevilla y unos sevillanos que estarían completamente olvidados del todo, si no fuera por la cámara de este hombre. A él siempre le han gustado más las fotos en blanco y negro, y los carretes de antes. Lo suyo no es el color y lo digital, aunque no tuviera más remedio que subirse a ese carro. Lo suyo es la Sevilla en blanco y negro del buen recuerdo, que diría Laffón, de un tipo irrepetible, siempre amable y querido por todos, capaz de perpetuar un tiempo que ya sólo existe en sus fotos.

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