La ventana

Luis Carlos Peris

Una ciudad completamente vallada

PROTESTABA Triana ayer por la asfixia a que la están condenando a causa de la invalidación de San Jacinto para el tráfico a motor, pero no es eso lo que nos hace asomarnos a la ventana en este martes de octubre. El argumento nos lo sirve en bandeja el negocio que ha tenido que hacer el que le vendió las vallas al Ayuntamiento y, sobre todo, el que se llevó el corretaje. Toda Sevilla en vallas, incluida la Cartuja, y ni un solo obrero trabajando, con lo que queda sin vigencia la vieja viñeta de la España más negra, aquella en que las obras tenían espectadores, gente con las manos en los bolsillos que miraban entretenidos porque no tenían otra cosa que hacer. Obras interminables, como aguardando a que vengan las lluvias para tener una excusa con la que justificar este absentismo. Lo primero, lógicamente, es vallar y luego, si acaso, desventrar para que se entre en una pausa interminable que deja las obras sin espectadores.

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