La ventana

Luis Carlos Peris

Están clavadas dos cruces zafias como ellas solas

BARRIO de Santa Cruz, Plaza de Doña Elvira, lunita plateada, dos cruces clavadas en el monte del olvido según Carmelo Larrea, aroma de azahar no más pliega el invierno, dama de noche cuando las calores aprietan, carnaza para poetas más o menos brillantes, agítese antes de usarse y nos encontramos con un sueño difuminado primero y abortado ya por un sempiterno olor a fritanga y a paella de a deshora. A hacer puñetas los motivos de inspiración para vates de toda laya, que todo lo que se abarca desde la Puerta de la Carne a la Avenida, métase usted por el Callejón del Agua o por Mateos Gago, es un inmenso comedero bajo los cielos de Sevilla. Veladores uno encima de otro a todas horas y camisetas mostrando inscripciones con ese ingenio que nos atribuyen desde fuera. Así es el universo de esa zona, enorme zona, que atrae al turismo, están clavadas dos cruces y huele a fritanga y a sangría, qué asco.

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