palabra en el tiempo

Alejandro V. García

Las cloacas y el perfume

LAS cloacas y todo el tenebroso mundo que circula por los sumideros (desde ratas albinas a cocodrilos ciegos) ha inspirado notables metáforas sobre la corrupción. El fondo cenagoso de los reptiles, por ejemplo, se ha transformado en el botín que sufraga las actividades subterráneas de la política. Era imprevisible, sin embargo, que algún día el símbolo figurado coincidiera con el significado literal. Pero ha ocurrido en Levante. Emarsa, una empresa instrumental creada por el Ayuntamiento de Valencia y otros 17 municipios para depurar el caudal de las cloacas antes de verterlo al mar, también limpiaba las aguas negras de la política. Los fondos de roedores y reptiles tenían allí la doble condición de tropo literario y de auténtica escenografía del saqueo.

Esa doble condición denotativa y significativa dota a este caso de pillaje de un raro aire de perfección. Si las aguas negras terminaban blancas, el dinero sucio se convertía después de un riguroso tratamiento profiláctico en bolsos de Loewe (otra vez los bolsos de Loewe rondando como satélites la órbita de Rita Barberá), relojes, bolígrafos de marca, vales de alquiler de automóviles, viajes al extranjero y comidas, aunque también hubo gastos, digamos, sentimentales, como los siete euros de una cajetilla de tabaco.

Los fondos de reptiles y, en general, las actividades subterráneas no son privativos sin embargo de Valencia o Baleares. También los hay en Andalucía donde el escándalo del PER amenaza con cortar cualquier esfuerzo de recuperación electoral del PSOE. La inmundicia está demasiado fresca como para convertirla de golpe en abono. El otro día, por cierto, leí que alguien pedía la dimisión de Iñaki Urdangarín. De qué puede dimitir, se preguntaban algunos. De la Familia Real, supongo, que usada de este modo tan aprovechado es menos una familia que una grandísima sinecura.

Ese hedor a depravación que sale de las alcantarillas, mezclado con el olor a degeneración ética que propagan los mercados y alientan sus cómplices, ha terminado por crear una atmósfera densa, angustiosa e irrespirable alrededor de la primera década del siglo XXI. Una atmósfera altamente tóxica que, como el monóxido de carbono, se propone liquidar a media humanidad mediante una guerra donde las bombas de neutrones han sido sustituidas por primas de riesgo y los artilleros por agencias como Standard & Poor's o Moody's. Primero los principios, luego la dignidad y por último la voluntad para que los ganadores rapiñen el botín sin ruidos. Una prueba: pese al atosigante tufo a cieno la reacción es mínima. Somos testigos de cómo se aproxima el desastre sin mover un dedo.

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