Hablemos de educación

Javier Ros Pardo / Javierrospardo@hotmail.com

Sobre la competencia tecnológica

LA autonomía económica y política de un país, sus modos de producción y su calidad de vida, tienen mucho que ver con su capacidad para crear, manufacturar y comercializar su propia producción tecnológica e industrial. La dependencia científica e investigadora que sufrimos del exterior tiene una antigua y directísima relación con la secular marginalidad que sufrió la Educación Tecnológica a lo largo de la historia de nuestros sistemas educativos.

En tiempos de Velázquez era considerado vil e innoble la práctica de cualquier oficio que exigiese mancharse las manos de pintura o de grasa: "Los aptos para "estudiar" pertenecerán a la élite cultural, financiera y productiva; los no aptos serán los condenados al trabajo manual propio de villanos." He aquí un ancestral prejuicio de clase que todavía está presente en nuestra sociedad mucho más de lo que nadie imagina.

Desde 1939 los sistemas educativos que debían procurar la Educación Tecnológica dieron sistemáticamente la espalda a las exigencias de las necesidades reales del mercado laboral. Son incontables las vocaciones tecnológicas y creativas que se malograron en base a ese error, y muy caro también el precio que pagamos.

En 1990 los colegios profesionales de ingenieros de España clamaron por la errática manera con que la LOGSE pretendía corregir el secular desdén hacia lo técnico que caracteriza a la sociedad española. En los 15 años siguientes la implantación de la Educación Tecnológica fue una misión imposible en nuestras escuelas e institutos a cuenta de reducciones horarias, modificaciones radicales de su currículo en tan breve período, infradotación de personal y materiales etcétera. Pese a todo hubo un reducido número de profesores titulados en Ciencias, Ingenierías y Arquitectura que heroicamente pusieron en pie muchas prácticas educativas muy valiosas. Gracias a ellos ya nadie discute su crucial importancia.

En base a lo anterior, hacemos nuestra la voz de los ingenieros españoles que esto reivindican desde antiguo:

1.- Reclamamos para la Educación Tecnológica el carácter de estudios básicos y troncales en la enseñanza obligatoria.

2.- Planteamos la necesidad de crear vías de formación en el bachillerato que orienten y estimulen hacia estudios científico-tecnológicos de nivel superior apoyadas en materias propias de la Tecnología.

3.- Solicitamos de las autoridades educativas un esfuerzo urgente de recursos y condiciones que potencien la enseñanza de la Tecnología en los diferentes niveles educativos que deben formar a los españoles del siglo XXI, cuya actividad se realizará mayormente en un ambiente profundamente tecnológico.

Bien planteada la Educación Tecnológica podría regenerar la E.S.O. ofreciendo alternativas a los que no desean "estudiar", reforzar el aprendizaje práctico de muchos conceptos científicos y matemáticos; y también potenciar la creatividad, el trabajo en equipo, la responsabilidad, el espíritu emprendedor, la igualdad de la mujerý unos valores imprescindibles.

Si Taiwan pasó en pocos años de ser una sociedad agrícola y retrógrada a otra puntera en nanotecnología, fue gracias a proyecto educativo de Estado bien planificado que tuvo una apoyatura adecuada. La historia de Nokia en Finlandia fue más o menos lo mismo.

Y puestos a evaluar, invitemos a un bachiller de Taipei a desmontar cualquier electrodoméstico, juguete o artilugio mecánico medianamente complejo made in China, y luego a recomponerlo hasta que funcione de nuevo; hagamos la prueba con otro español ¿Qué pasaría?

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