la ciudad y los días

Carlos Colón

Otras 'conspiranoias'

LEO que el presidente del ente público lamenta la "campaña de desprestigio" contra Invercaria y la Junta "encabezada" por Cantos, algunos medios y el PP en medio de un proceso electoral. Lo que allí pasó y lo de los ERE, por lo visto, sería achacable a venganzas personales, manipulaciones electoralistas e interesadas exageraciones mediáticas. Por lo tanto, todo lo que se está investigando y publicando es puro sensacionalismo, fuegos de artificio electoralista del PP, calumnia, exageración y guerra sucia en plena campaña electoral.

Vaya por Dios. El juez Surrocas se ha debido equivocar admitiendo como prueba "pertinente" y "útil" que "no vulnera derechos fundamentales" las grabaciones que comprometen a la ex directora de Invercaria. Y la juez Alaya se ha debido equivocar enviando a la cárcel al ex director de Trabajo de la Junta -un hombre tan discreto que, por lo visto, pocos gerifaltes socialistas le conocían pese a ocupar su alto cargo durante nueve años- y al estimar que este señor, "en connivencia con otros", otorgó 617 ayudas sociolaborales y 270 ayudas directas a empresas, por un importe de 933 millones de euros, "de manera manifiestamente injusta y arbitraria" para "favorecer a familiares, amigos o personas próximas" a su entorno o al de "altos cargos de la Junta de Andalucía o del PSOE".

Total, nada: 887 ayudas otorgadas fraudulentamente, por un importe de casi mil millones de euros, a familiares, amigos y personas próximas a su entorno, el de la Junta o el del PSOE. Esto no lo dicen el PP o algunos medios, sino dos jueces. Y los medios, naturalmente, lo reproducen. Unos intentando minimizarlo o aislarlo como corrupción individual en vez de institucional, otros informando de ello crudamente en grandes titulares y algunos haciéndolo ponderadamente. Pero todos, no únicamente "algunos medios", informando y opinando libremente sobre estos escándalos. El día que estalló el escándalo de las cintas de Invercaria fue la noticia más leída en la edición digital, no de La Gaceta o El Mundo, sino de El País. No hay conjura mediática. Lo que sí parece a veces es que hay quienes echan de menos la censura.

En cuanto al PP, se ha encontrado con este triste regalo en la larga víspera de la campaña electoral autonómica y con el añadido de que, ya iniciada, el escándalo no hace sino crecer como una enredadera que cada vez trepa hacia despachos más altos. Aunque los populares callaran, lo que lógicamente no harán, hablarían los medios. Y aunque se presionara a los medios, actuarían y hablarían los jueces. Pese a que se haya intentado difamarlos y dar por muerto a Montesquieu.

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