La tribuna

Jorge Rodriguez Mancera

La crisis se extiende a Latinoamérica

EL auge experimentado en el último lustro está llegando a su fin en la generalidad de estos países y se está entrando en una fase de desaceleración con síntomas recesivos e inflacionarios, graves si las autoridades no atinan a diseñar políticas apropiadas y logran recuperar el tiempo desaprovechado en los últimos años cuando se adoptó un esquema para periodos de crecimiento sostenido, ignorando o haciendo caso omiso de las evidentes manifestaciones recesivas en los países desarrollados, en especial en EEUU en cuya órbita gravitan todos ellos, porque tenían la vana ilusión de estar blindados contra los efectos externos.

Si bien es justo reconocer un mejoramiento en la calidad de la política económica aplicada en buena parte de los países, no es menos clara la incidencia positiva determinante del entorno externo, particularmente de la demanda de materias primas como los alimentos y los productos energéticos, de una parte, y de otra, los problemas económicos desencadenados en EEUU y UE, principalmente. Esta demanda, creció de forma notable en los nuevos mercados de China y la India, con el consiguiente efecto generalizado en los precios en el mundo, salvo en los de los países productores de estos bienes que los han subsidiado para su mercado interno. Por su parte la economía norteamericana colapsó como consecuencia de una mala política, en especial la aplicada para el sector financiero, expuesto sin control en el mercado de las hipotecas, la del mantenimiento de un gasto excesivo en conflictos internacionales como los de Iraq, Afganistán y otros para mantener su política de fungir como "policía del mundo", y desde luego para atender los mayores precios de los combustibles consumidos, todo ello en medio de un desequilibrio de sus finanzas públicas, de su comercio exterior y de su cuenta de capitales, con el consiguiente envilecimiento de su moneda.

Lo anterior permitió un aumento enorme de los ingresos por exportaciones en los países productores de energéticos, como los OPEP, Venezuela, México y Ecuador, también Brasil, Bolivia y Colombia, en especial el primero, cuyos hallazgos recientes lo colocarán como uno de los primeros productores de petróleo del mundo. En otras materias primas minerales se han beneficiado en forma notable Chile, Bolivia, Perú, Colombia, México y Brasil, mientras en el campo de alimentos este último junto con Argentina, Uruguay, Perú y en menor grado Colombia y Ecuador han recibido alzas muy significativas en café, banano, soya, cereales, carne, etc. Amen de las inversiones extranjeras sedientas de mejores rendimientos.

Pero todo este cuadro tan positivo en materia de ingresos a la región no se ha traducido en un mejoramiento estructural de sus economías, salvo en Brasil, porque el diseño de las políticas no buscó proteger ni modernizar el aparato productivo tanto industrial como agropecuario sino aumentar sus reservas en moneda extranjera y destinar buena parte de ellas a importar en forma desmedida, afectando gravemente la producción interna y el empleo productivo. Igualmente negativo ha sido el gasto público burocrático y bélico. En otras palabras se ha despilfarrado una lotería realmente importante sin generar efectos significativos para aumentar la calidad de vida de la población, aun cuando los estratos altos sí se beneficiaron en forma apreciable, como lo muestra el cuadro de grandes millonarios reportados en la revista Forbes.

La desaceleración económica con preocupantes aumentos de la inflación, se empieza a sentir tanto en Venezuela, Argentina, Ecuador y Bolivia ubicados en el ala izquierda del espectro político, como en México, Costa Rica o Perú situados en la derecha moderada o en Colombia y El Salvador considerados como de extrema derecha y apéndices incondicionales de EEUU. Quizá los únicos países bien librados por su manejo político y económico son Chile y Brasil, en especial este último con un gobierno de corte socialdemócrata, con un esquema económico de gran rigor y equilibrio entre lo macroeconómico y lo social.

Desde luego el problema económico, confundido entre la globalización y la protección, no se puede desligar del político porque buena parte de estos desaciertos se originan en el desconocimiento de sus fundamentos al mantener vivos el populismo y el clientelismo en izquierdas y derechas, considerar democracias a gobiernos que buscan a todo costo sus reelecciones indefinidas, caso Chávez y Uribe, y lo peor, cuando se está fraguando un peligroso proceso desestabilizador alrededor del proyecto armamentista de Bush en Colombia, estructurado inicialmente para combatir el narcotráfico, extendido luego a eliminar la subversión izquierdista y más recientemente a confrontar gobiernos de esa tendencia como los de Chávez, Correa y Ortega. Si no hay cambios en el norte, el sur del continente se podría balcanizar repitiendo incursiones como la colombo americana en Ecuador donde ya se pasó de la diplomacia a la plomacia.

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