Las dos orillas

José Joaquín León

La crisis llega a los ricos

MARIANO Rajoy, en su intimidad, pensará: "Menos mal que no gané las elecciones". Imagínense que Rajoy, contra todo pronóstico, hubiera ganado y fuera presidente, con la que se ha montado. Tendría un Gobierno formado por Manuel Pizarro y varios y varias más, entre ellas Soraya, Ana Mato y Dolores de Cospedal. El pobre Pizarro, que es rico después de la indemnización multimillonaria que le dieron por irse de Endesa, estaría fritito al frente de la economía, viendo una suspensión de pagos por aquí y otra por allí, la caída de la Bolsa, el burbujazo de las inmobiliarias, y todas esas desgracias.

Con permiso del señor Zapatero, que no lo veía claro, estamos en plena crisis, que se llama así popularmente cuando afecta a los pobres: a los trabajadores que engrosan por centenares las listas del paro, a los autónomos que están asfixiados, a las pequeñas empresas que cierran… Pero ya nos ha advertido que el pesimismo no crea empleo. Hay 2,5 millones de españoles inscritos en el registro de morosos y lo peor está por llegar. Lo peor es cuando la crisis, o lo que sea, se consolida oficialmente con el nombre de Recesión, que no es una señora ministra, sino el crecimiento negativo del PIB. Se llama Recesión, pero la conocen como Ruina.

El lunes suspendió pagos Martinsa Fadesa, otra que tiene nombre de vecina del sexto, pero que en verdad es la séptima inmobiliaria española en facturación con 129,9 millones de euros y la primera en activos con 12.995 millones. La pobre Martinsa, que fue rica por sus pisos, debe 5.200 millones, de los que casi 4.000 corresponden a 45 bancos acreedores.

Así que cuando le preguntaron a Mariano Rajoy por este caso, respondió: "No sé lo que ha pasado con Martinsa, pero es muy grave y deberían haber tomado medidas". El problema es que en este país toman las medidas con un metro, y así nos va: dos metros de suspensión de pagos para el caballero, y que pase el siguiente.

La situación es dura cuando la crisis llega a los ricos, porque los pobres están más acostumbrados. Siempre hubo marqueses y condes tiesos de solemnidad, hasta duquesas, que vivían de las apariencias. Ahora el marqués de las Papas Cocías, primo en sexto grado del conde de las Natillas, llamará a su mayordomo y le dirá:

-Bautista, trae las cartillas del paro, que nos vamos a las colas del INEM con los 234 empleados que ha echado Martinsa.

Un conocido economista comentaba que estuvo en una reunión con grandes empresarios, y todos estaban muy preocupados:

-Los bancos no nos dan dinero. ¡Esto no es posible!

Pues si no se lo dan a ellos, sólo queda rezar, mientras doblan las campanas de los ricos por Doña Ruina.

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