La tribuna económica

Rogelio / Velasco

Una crisis, dos políticas

EL nuevo Gobierno de coalición en Alemania se ha apresurado a anunciar medidas económicas para combatir la crisis, que se incorporarán a los presupuestos para el año próximo.

Todos los gobiernos europeos y la mayoría de los restantes países occidentales se han enfrentado al dilema de reducir los impuestos frente a elevar el gasto público como mecanismo para estimular la actividad económica.

Con un sólido sustento teórico y un contraste empírico generalizado, la superioridad del incremento del gasto público sobre la reducción de impuestos es ampliamente compartido por los expertos. Especialmente en una época de crisis y gran incertidumbre, una reducción de impuestos se traduce, en buena medida, en un incremento del ahorro por parte de las familias que, temerosas acerca de su futuro, lo hacen por motivos de precaución. El gasto inducido por la reducción de impuestos queda, por tanto, limitado. En sentido contrario, el incremento de gasto público -adecuadamente asignado- se transmite al sector privado, estimulando la actividad.

¿Por qué ha elegido el Gobierno alemán la reducción de impuestos? Existen, en primer lugar, motivos ideológicos. La reducción de impuestos genera una ampliación de la actividad privada. El incremento del gasto público, al contrario, aumenta el tamaño y el peso del gobierno en la economía.

En segundo lugar, una parte del consumo privado inducido por la reducción de impuestos se filtrará al resto del mundo a través de mayores importaciones. Pero la economía alemana se lo puede permitir. De hecho, es la única gran economía a ambos lados del Atlántico que puede hacerlo. El superávit por cuenta corriente se eleva nada menos que al 7%, mostrando el enorme margen con que cuenta para financiar importaciones con ahorro interno.

En tercer lugar, con un euro a 1,5 dólares, las autoridades reconocen que las exportaciones a EEUU y otros países del área dólar no pueden operar como palancas del crecimiento. El gasto interno tiene que ayudar al impulso de la actividad.

En todo caso, el plan de estímulo se eleva a 24.000 millones de euros. Parece mucho, pero sólo representa el 0,6% del PIB alemán. Un plan, por tanto, limitado de estímulo y que se adapta a las características estructurales de su economía.

En el caso de la economía española, por el contrario, el enorme déficit por cuenta corriente, la necesidad de reducir la financiación exterior y la orientación del presupuesto hacia el crecimiento, en mayor medida que a contener el incremento de la deuda pública, no harían aconsejables medidas similares a las alemanas.

A mayor abundamiento, la economía alemana no necesita un cambio de modelo que la haga más exportadora y ahorradora y, en consecuencia, las medidas de estímulo no necesitan dirigirse a modificar la inercia de los últimos años. Aunque débilmente, Alemania orienta su política a alentar el crecimiento europeo.

Dos situaciones de crisis con algunas manifestaciones básicas similares en España y Alemania. Pero dos políticas económicas para adaptarse a características estructurales diferentes.

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