Editorial

Más críticas a la expulsión de gitanos

SI el Consejo de Europa había manifestado, públicamente, sus reparos a la expulsión organizada de gitanos búlgaros y rumanos de Francia, ayer se sumaron un comité de Naciones Unidas y el Vaticano, cuyo secretario del Consejo Pontificio para los Emigrantes, Agostino Marchetto, recordó que esta etnia fue una de las perseguidas durante el Holocausto y que aún hoy "vive huyendo de quienes le persigue". La respuesta de Francia se sustenta en que su Gobierno cumple escrupulosamente con la legalidad y con los compromisos internacionales. A este respecto, es sospechoso que el informe legal que la Comisión Europea está preparando sobre ello y que la comisaria de Justicia presentará el próximo miércoles ante sus colegas no vayan a ser públicas. Francia expulsó en el año 2009 a 9.875 gitanos, pero la polémica ha arreciado ahora, cuando suman 8.813 desde enero. Sin género de dudas el motivo ha estado en el censurable prologo del presidente Sarkozy, que anunció a la opinión pública que arrasaría 300 campamentos de gitanos. Sus declaraciones son populistas, alientan al racismo porque vinculó a la generalidad de la etnia con la violencia y, ahora, parecen volverse en su contra . El 48% de los franceses parecen estar en contra de estas expulsiones, según una encuesta del diario Le Parisien, mientras que a principios de agosto el apoyo rozaba el 79%. Francia tiene razón cuando también apela a las responsabilidades de los gobiernos de Rumanía y de Bulgaria y cuando les pide esfuerzos de integración de esta etnia en su población, pero el país galo también debe predicar con el ejemplo. Aunque es lícito que un país controle los flujos de migración ilegal, sus autoridades deberían ser extremadamente cuidadosas con su declaraciones, así como con las garantías de los afectados y, ciertamente, la expulsiones colectivas de Francia no ayudan al trato legal individualizado. Y aún hay hechos más preocupantes. El Colectivo Nacional de Derechos Humanos Romeurope, con sede en Francia, ha criticado que los rumanos y búlgaros sólo pueden acceder a 150 empleos y que el flujo de gitanos hacia este país sólo sea el 2% del total. El 50% llega a España.

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