La ventana

Luis Carlos Peris

En el definitivo adiós a un caballero cabal

ESTAMOS hablando de un señor de verdad, de los de con mayúsculas, así fue el general Esquivias. Manolín para sus más íntimos, espíritu siempre joven desde los pilares de su formación, que fueron la milicia y el deporte. El general Esquivias, don Manuel Esquivias Franco para lo que se guste mandar, se ha ido, aun venerable, como del rayo, nonagenario pero ha sido un mal resfriado lo que se lo ha llevado por delante. Su muerte ha tenido también mucho de kafkiano, el telefonillo que suena y él atiende a un asistente que iba a colocarle un chip para estar siempre controlado, pero cuando el operario llega al piso sólo oye los gritos de Alegría, su mujer, alarmada porque su marido yace sin sentido. Así se murió don Manuel, Manolín para sus íntimos, el hombre que pasó a la historia como el que impidió que los tanques saliesen a las calles de Sevilla hace treinta años. Que el Señor tenga en su gloria a un caballero cabal.

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