la esquina

José Aguilar

El derecho de Olvido al olvido

LA concejal Olvido Hormigos ha dado marcha atrás en su decisión de dimitir de este cargo en el ayuntamiento de Los Yébenes, en Toledo, tras haberse difundido un vídeo de contenido erótico que la tenía como protagonista única. Seguirá como concejal y ha denunciado el caso en el juzgado.

Hormigos se grabó con el teléfono móvil mientras se masturbaba aparentemente, desnuda de cintura para arriba, con el único propósito de enviar las imágenes a su marido, en un acto lúdico o festivo que compete en exclusiva a ellos dos y a nadie más. Desgraciadamente, algún enemigo político o personal de la edil capturó el vídeo y lo transmitió a través de WhatsApp -que tiene guasa-, haciéndolo llegar a todo el pueblo e, inmediatamente, a toda la red.

El elemento que quiso perjudicarla tan aviesamente pareció salirse con la suya en un primer momento, cuando Olvido Hormigos se convirtió en la comidilla del pueblo, que apenas supera los seis mil habitantes, y se sintió abochornada por la propagación canallesca de un acto privado y pensado para quedar en la intimidad. Sólo pensaba en dimitir. Lo curioso es que la dualidad que encierran las nuevas tecnologías ha acabado salvándola. Si el WhatsApp fue el instrumento ilegítimo usado para destruir su imagen y su vocación pública, las redes sociales son las que han venido a restaurar su inocencia y hacerle comprender que no tenía nada de qué avergonzarse. Ha recibido tales muestras de solidaridad -incluyendo un mensaje de Esperanza Aguirre, del partido contrario al suyo- que ha reconsiderado su actitud dimisionaria y se dispone a olvidar el incidente y volver a la normalidad.

Normalidad que implica poner el asunto en manos de la Justicia en busca del anónimo autor de la felonía de difundir el vídeo. Porque se trata de un delito. El Código Penal sanciona a los que revelen datos personales de otros sin su consentimiento y protege la sexualidad de las personas como parte esencial de su derecho a la intimidad. La libertad de Olvido Hormigos ha sufrido un atentado en su núcleo duro y más intocable, y no es ella sino quienes la han vulnerado los que deben pagar por su acción.

Como ha dicho la concejal una vez repuesta del sonrojo al que le conducían, ni ha delinquido ni ha perjudicado a nadie. Estaría bueno que alcaldes pringados en corrupciones dañinas para el interés público sigan en sus cargos con el beneplácito o la inhibición de sus partidos y esta edil de Los Yébenes tuviera que irse a casa por grabarse un acto de ciudadana adulta que ni siquiera estaba destinado a ser conocido por extraños. Olvido tiene derecho al olvido. Su agresor, sólo a la defensa como delincuente.

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