Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Un descenso día a día más grave

Hoy estoy peor que ayer y bastante mejor que mañana, se dice el bético que tomó conciencia de la catástrofe

CADA día que pasa aumenta la consideración de catástrofe que ha tenido este descenso del Real Betis Balompié. Insisto en que si todos los descensos son dolorosos, éste es, además, catastrófico, muchísimo más grave que los anteriores. Más grave por las consecuencias y por cómo se ve aumentar dicha gravedad cada día que pasa y que provoca que se haga utilizable parafrasear el eslogan del amor... parecidamente. Hoy lo veo peor que ayer, pero mejor que mañana es algo en lo que coinciden los béticos racionales y honestos, ésos que no tienen por qué mirarle la cara a Lopera para saber si ellos han de ponerla mala o buena.

Y todo este doloroso y largo día después viene adobado por rumores que no tranquilizan, precisamente. Jugadores que se niegan a jugar en Segunda a pesar de que algo habrán tenido que ver con el descenso, globos sonda por un tubo desde dentro y desde fuera, rumorología más o menos consistente y la certeza de que para que la travesía del desierto se haga lo más breve posible hay que hacer un equipo capacitado para competir en Segunda. Esto es de obligado cumplimiento o hay Segunda para años y posiblemente lo primero sea prescindir de los que dicen abiertamente que no quieren jugar en Segunda mediante la correspondiente indemnización, claro.

Indemnización, por supuesto, del futbolista al Betis y nunca al revés. Tampoco una cesión temporal porque puede darse el caso de que ese futbolista, Sergio García por ejemplo, vuelva cuando el Betis haya ascendido y nuevamente se produzca lo ya habitual, un nuevo descenso. Y en el meollo del día a día, que el 15-J está a una semana vista y el beticismo arde en deseos de que llegue para sacar una idea fidedigna de cómo está posicionado, si queda con Lopera alguien que lo haga desinteresadamente. Ha pasado una semana del descenso y en este primer domingo de junio las cosas se ven peor, bastante peor, que en el de Pentecostés. Una catástrofe, vaya que sí.

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