PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

El día que Sevilla cuaje...

BLANCA y radiante estuvo ayer la provincia de Sevilla, como una novia del cielo que se apresurara a casarse por sorpresa en domingo y al mediodía. El 10-E todos hemos querido ser alanicenses, cazalleros, guadalcanalenses o pedroseños para vivir el escalofrío de una jornada cuajada de nieve que eclipsa el asfalto y se convierte en cantera de bolas. Cada cual contará hoy su experiencia en el Día Mundial de Hablar de lo de Ayer, desde la Campiña a la Vega, desde el Bajo Guadalquivir al Aljarafe. Lo deben patrocinar las operadoras de telefonía, campanarios del presente que transmitieron la buena nueva mediante palabra, voz e imagen, con una espectacular subida del tráfico de datos. Porque ¿quién se resistió a llamar rápidamente a sus allegados para alertarles de la lluvia de copos? Al cierre de esta edición, Sevilla estaba enganchada a internet buscando información meteorológica que le permitiera encamarse albergando esperanzas de una madrugada de terciopelo blanco y un amanecer virginal.

Radiante alegría la que vi durante media hora en Pino Montano, con adultos y niños haciendo la estatua en balcones y azoteas para impregnarse del mayor número posible de los copos que caían en gran cantidad a las dos de la tarde. El entusiasmo era mucho mayor que al paso de una cabalgata o en una fiesta de cumpleaños. Porque a la Sevilla contemporánea le falta la experiencia iniciática de una blancura abrumadora que se adueñe de las calles. Abuelos y padres refieren y relatan el mito de la nevada del 54 y el de la riada del 61 para que las nuevas generaciones perpetúen por vía oral los avatares de una Sevilla en sepia que no han gozado ni sufrido.

El orden de los factores fue de nuevo esquivo en la capital para que, en un día de frío albaceteño, las precipitaciones de nieve no comenzaran antes que las de lluvia. En el fondo, el anhelo de nieve cuajada es el termómetro de un sueño: el día que Sevilla cuaje dejará de ser una ciudad de espejismos que se diluye en promesas y proyectos esfumados como la niebla fantasmagórica que huye de su río madre.

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