La ciudad y los días

Carlos Colón

Todo lo que el dinero puede comprar

ROSA Montero ha escrito, a propósito de una serie interpretada por un psicópata que emite Cuatro: "En los años setenta, las películas que ofrecían dosis masivas de violencia bajo la tenue justificación de un justiciero solitario que mataba malos, como Harry el Sucio, eran consideradas reaccionarias. Hoy, en cambio, se diría que el sadismo está de moda, con el agravante de que ahora las carnicerías son infinitamente más perversas y realistas. Hoy Quentin Tarantino saca en primer plano cómo torturan a un tipo rebanándole la oreja lentamente y a todos los modernos les parece la bomba. Y lo mismo sucede con este nuevo héroe televisivo cruel y morboso: qué guay, un matarife psicopático. Diversión a tope. Explotar el sadismo para obtener más share se considera de lo más normal, forma parte de ese fofo 'vale todo' en el que vivimos. A mí, sin embargo, me repele: debo ser una antigua". No, Rosa no es una antigua. Simplemente tiene cerebro para pensar, oídos para oír y ojos para ver las estúpidas películas de Tarantino o los estúpidos programas de televisión, ambos igualmente violentos en uno u otro sentido; y lo que las calles le muestran, los amigos le dicen, los periódicos le cuentan y las instituciones denuncian.

En su artículo alude a un informe del Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia en el que se dice que los niños españoles pasan frente al televisor 930 horas al año, por 900 que están en el colegio; que cada hora ven entre cinco y diez actos violentos; y que ello les puede hacer más agresivos al pasar de la infancia a la adolescencia. "Se me ocurre -comenta a propósito de la serie de Cuatro- que este nuevo carnicero dejará su huella en grandes y chicos". Es posible: el mismo Centro ha denunciado que "el maltrato, el consumo de drogas, la violencia en televisión y videojuegos, y la marginación social, entre otros, son factores de riesgo que pueden derivar en una personalidad y una conducta violenta en los jóvenes".

¿Otro órdago de un antiguo? Piensen en el caso de la cocaína en Los Palacios (Sevilla). Si porque estaba adulterada se ha detectado que 26 jóvenes la tomaron, ¿cuántos la toman sin que se sepa? Y si en un pueblo se consume cocaína en esta proporción, ¿cuánta en las ciudades? Las estadísticas de las Naciones Unidas dicen que España es el primer consumidor de cocaína del mundo, con un 2,6 por ciento; y que el consumo en los jóvenes de entre 14 y 18 años ha crecido en los últimos cuatro años del 1,7 al 6,8 por ciento. Sumen factores -guetos urbanos, desatención afectiva y educativa, violencia, cocaína- y saquen conclusiones.

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