BREVIARIO

Alejandro V. Garcia

El diván de Cecilia

EL objetivo más modesto de la gira de los Obama fue la visita a una populosa heladería de Granada, Los Italianos, donde cada día miles de individuos saborean uno de los mejores helados del mundo. Detrás de la rutilante barra solía estar Cecilia di Rocco, la única psicóloga de sabores de la que tengo noticia. Cecilia adivinaba la personalidad de los clientes en función del sabor que elegían. A mí me reveló hace años algunas claves. Los sabores afrutados y ácidos eran síntoma de juventud. Los achocolatados tendían al engolamiento. El tutifruti revelaba una tendencia a la conciencia cosmopolita que a veces incluso podía derivar, en clientes melancólicos, al panteísmo. Las grandes damas, me explicó Cecilia, siempre piden helado de crema tostada. Pero la psicología del helado no es tan simple. No se agota en adscribir un humor a cada sabor. Luego vienen los helados compuestos de varios sabores, y los matices que representan el cucurucho, la copa, la tarrina o el bombón traspasado por su breve espina dorsal de madera. Por no hablar de las preferencias por las texturas; del crocanti a la crema. Desde entonces, cada vez que aparecía por la heladería, me sentí un poco desnudo. Trataba de taparme la personalidad con las manos. Es una pena que todos esos personajes que usted y yo conocemos no hayan pasado por el delicioso pero contumaz diván de Cecilia.

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