Las empinadas cuestas

Amparo Rubiales

Ellas se divierten menos

ESTAMOS en plenas vacaciones, tiempo dedicado al descanso, ¿para todos por igual? ¿Qué pasa con las mujeres? Pues sencillamente que tienen menos vacaciones que los demás, y aunque vamos mejorando, todavía es insuficiente; una forma de remediarlo ha sido siempre que haya otra mujer que ayude: cuidadora, familiar, y hoy, preferentemente, abuelas. ¿Los padres no existen? Sí, pero si el niño o la niña se ponen malos en el colegio, a quien llaman inmediatamente es a la madre y ésta a la abuela, y si no existe, a una equivalente, y sólo después al padre; igual ocurre en las vacaciones: son las abuelas las más numerosas cuidadoras de sus nietos. A las abuelas en general, -y a las españolas en particular-, nos gusta atenderlos, y está muy bien que así sea, pero no puede convertirse en otra obligación, incluidas las vacaciones.

Llega el veraneo y la familia se va, teóricamente, a descansar, ¿y la mujer cuando lo hace? La mujer que no tiene ayuda de otra mujer, tiene menos vacaciones. Así se constata, simplemente, con la observación de la realidad de cada uno de nosotros, y lo confirman los muchos estudios realizados.

Según la OCDE (Panorama del ocio 2009) ni la conciliación, ni, por tanto, la paridad, ha llegado al tiempo del ocio. La española tiene casi una hora menos al día que el varón, -en todos los países los hombres tienen más tiempo para el ocio que las mujeres-, lo que si se computa a nivel anual supone un total de 13 días de vacaciones más para los varones.

Esto sigue siendo una consecuencia de aquella escisión social, -público-masculino, privado-femenino-, que ha hecho que generaciones y generaciones de mujeres vivan teniendo un plus de trabajo. Cuando la mujer va, por ejemplo, a la playa, antes ha tenido que trabajar una poco más: cuidarse, en definitiva, de casa e hijos, aunque, cada vez más, algunos hombres colaboren. Sin embargo, la mujer tiene menos sentido del ocio y más, mucho más, del cuidado de los de ella dependientes, incluido el compañero; cuando en una pareja llega el momento de la maternidad, la que se acoge a la reducción de jornada es casi siempre la mujer, con lo que su salario se reduce, sus posibilidades de promoción profesional también, y lo que es más grave, su propia autonomía… a no ser que haya una abuela que ayude a resolverlo.

Las mujeres se han adaptado más rápidamente al mundo laboral y ellos aún no comparten las tareas domésticas en la misma proporción, aunque hay excepciones que confirman la regla, y tengo la suerte de que mi hijo lo sea; a lo mejor las feministas, en contra de lo que se cree, somos buenas madres.

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