La esquina

josé / aguilar

Contra el doctor Google

LOS médicos han alertado siempre a sus pacientes contra los riesgos de la automedicación. Con un éxito sólo relativo, porque muchos de los enfermos no hacen caso de sus advertencias y otros muchos las combaten de una manera expeditiva: negando que se automediquen. Engañan al médico y se engañan a sí mismos.

En los últimos años los profesionales sanitarios han encontrado otro enemigo, aún más poderoso, de su labor asistencial y curativa. Se trata de internet. La red se está convirtiendo en la primera fuente de información sobre la salud. A más del 80% de los médicos les han preguntado sus enfermos alguna vez por diagnósticos, remedios, consejos y tratamientos que han aprendido en internet, según se ha explicado en una jornada previa al congreso nacional de hospitales y tecnología.

Esta plaga constituye uno de los ejemplos más llamativos y sangrantes del uso perverso de las nuevas tecnologías. Deberían servir para asegurar una comunicación sin barreras, fácil y universal, y así es en la mayoría de sus aplicaciones. El mundo ha mejorado extraordinariamente con ellas. Pero con ellas han venido también las posibilidades de exacerbación de la ignorancia y la multiplicación de los errores. Se pueden propagar las mentiras más estúpidas y, tratándose de la salud, más peligrosas.

¿Qué es lo que se encuentran los médicos en sus consultas? Un montón de ciudadanos que antes de exponer los síntomas de su patología ya han viajado por la red y creen haber encontrado en Google las recetas que los curarán. Lo peor es que para entonces ya se están aplicando esas recetas. Ocurre que, como todo lo que se busca y se encuentra en Google, la instantaneidad del hallazgo no garantiza su calidad científica. La automedicación que se deriva de esta búsqueda es igual de arbitraria que la automedicación tradicionalmente sustentada en las sugerencias de la familia, el amigo, el vecino o el que aguarda su turno en el ambulatorio. Sólo que se beneficia del exagerado prestigio de la red.

Nuestros abuelos, cuando los médicos no daban con su mal, se entregaban a hechiceros, curanderos y otros profesionales de la patraña. En cada comarca había uno por lo menos. Nuestros hijos y nietos se encomiendan a internet, que lo tienen en casa. El doctor Google es el nuevo milagrero contra el dolor y el sufrimiento. Tan falso y dañino como los otros.

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