Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Un domingo con su cara y su cruz

La tarde dominical le palió al Sevilla un sábado catastrófico y metió de nuevo al Betis en preocupaciones

MALA jornada para el fútbol según Sevilla, pero segurísimo que a la postre ha sido peor para el Betis que para el Sevilla. Al Sevilla se le palió el fracaso murciano del sábado con los respectivos fracasos de sus rivales más cercanos un día después. Un triunfo de Atlético de Madrid y de Racing hubiese tintado de muy negro el panorama para el equipo sevillista, pero ambos patinaron en sus viajes, más el equipo cántabro, y la verdad del cuento es que el panorama para el Sevilla es idéntico al del viernes aunque con la nota en contra de que resta un partido menos. Lo peor, las sensaciones que dejó la cita de Murcia.

Al Betis no le sonrió absolutamente nada en la calurosa tarde del domingo. El sorprendente gol de Senna le terminaría de arruinar una tarde que ya era inquietante porque los acuciados a esa plaza fatídica que queda en liza para el drama del descenso no terminan de descolgarse y da la impresión de que el listón va a colocarse más alto de lo habitual. Una vez bajó el Betis con 42 puntos y se consideró increíble, impensable que fuese a repetirse, pero en esta ocasión no será suficiente esa renta para salvarse. Es más, ni siquiera los 44 que luce el equipo de Chaparro y que algunos estiman sobrados para la permanencia podrían ser bastantes en este curso tan raro.

Mientras la falta de gasolina y no comportarse como el equipo que era son las malas sensaciones que el Sevilla confirmó en la Nueva Condomina, en el Betis vuelve el calificativo de tela para lo que le queda por sufrir. Sin embargo, las sensaciones que da el equipo en el campo son superiores a las que ofrecía y lo del domingo ante el Villarreal debe considerarse un accidente. Con el fútbol que ofreció y, quizá, con Pavone en el equipo, nunca debió haber perdido. Lo cierto de todo es que si al Sevilla se le palió la catástrofe en la tarde del domingo, al Betis se las acentuó y de manera más preocupante de lo que se observa desde el optimismo más delirante.

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