Coge el dinero y corre

fede / durán

v eneno y cambio

DE tan resistente, la crisis recuerda a aquella trama de los venenos en El Conde de Montecristo: con pequeñas dosis de paro y pobreza, semana a semana, mes a mes y año a año, acabamos inmunizándonos y llegando a la miseria casi sin notarlo. Las cosas no han cambiado en el último año: el crédito es escaso y caro, el desempleo rampante, la prima de riesgo alta, las Administraciones torpes y (aún) derrochadoras, y España, como marca internacional, débil.

Europa dice moverse rápido, pero los hechos demuestran su lentitud -el tamaño no puede ser una excusa a estas alturas-. El dinero del rescate financiero ha llegado muy tarde, y todavía, pese a todo, no existe unión bancaria o común organismo supervisor. El euro es un marco disfrazado. El Banco Central no es un desfibrilador. Alemania es Alemania por encima de cualquier otra disquisición. Y la vida sigue y el país se empobrece atrapado en la mediocridad política de la sumisión al amo teutón.

Desde la oposición y los escritorios menos neoliberales de la economía se emite siempre el mismo mensaje: sin estímulos no cabe recuperación. Pero no hay noticias de estímulos sino pequeños gránulos aislados (el Plan Pive, por ejemplo). Por desgracia, el concepto de estímulo se asocia más a un rol inversor del Estado (poner dinero sobre la mesa, acción inviable cuando la caja está vacía y las deudas aprietan) que a una función creativa donde caben la bajada de impuestos, el exterminio de la burocracia, las intermediaciones entre empresas dentro y fuera de las fronteras peninsulares, la tutela efectiva de la banca, o la creación de un boceto (al menos eso, un simple boceto) sobre los pasos que la economía española debería dar para fortalecer sus virtudes y ampliarlas a nuevos ámbitos desde el conocimiento del clima, la idiosincrasia y las particularidades regionales.

Entretanto, los vigías de lo macro juegan al trile y la dilación de la esperanza. Actualizar proyecciones o estudios es sumar al macuto otro año de crisis. Ya no saldremos de ésta en 2013 sino en 2014, y al menos ahí sí coinciden el Gobierno y la OCDE, aunque difieran en lo inmediato, que es el cierre de este curso y, sobre todo, el desarrollo de 2013, donde el planeta ve a España bastante peor que sus propios dirigentes, hasta el punto de afirmar que será su episodio más negro desde 2008.

La sensación de inoperancia, cerrazón, debilidad, azoramiento y planicie que adorna el ambiente español coloca a sus políticos en una coyuntura mortal. Es probable que incluso los más refractarios a cuestionar el mecanismo fiel de las siglas predilectas admitan que algo falla y que son urgentes respuestas audaces, movimientos alternativos, una reformulación del ejercicio del poder para convertirlo, como a la prensa, en una realidad más próxima al ciudadano. La economía emprendió ya ese camino, aunque el final sea incierto dada la dimensión de las bestias que copan los mandos: ahí están Christian Felber y Attac; o el banco de Dakota del Norte; o Yayo Herrero.

Cada gota de veneno es un centímetro más de hundimiento del modelo y un centímetro menos de espera hacia otra etapa.

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