la ciudad y los días

Carlos Colón

Los enigmas de los puentes

LA polémica de los puentes es de lo más enigmática. Leía ayer que el 70% de los españoles verían bien su supresión pero al levantar los ojos del periódico veía la calle, las tiendas y los bares abarrotados de turismo nacional de puente. Luego o el 30% que está de acuerdo con los puentes se ha venido entero a Andalucía o una parte considerable del 70% que no dice no estarlo los disfruta sin miedo alguno de incurrir en contradicción. A lo peor pasa con esto como con los programas televisivos: las audiencias dicen que los programas más vistos son los de telebasura y las encuestas indican que son los documentales de la 2. Pues de la misma forma que a la gente le da apuro decir cuales son sus verdaderas preferencias televisivas, debe dárselo decir que espera con fruición puentes cuanto más largos mejor para largarse por ahí.

Otro enigma de la polémica de los puentes consiste en la manía de desplazar las fiestas a lunes y viernes. Puestos a ser productivos, ¿por qué no desplazarlas a los domingos? Los españoles no nacionalistas conmemorarían así la Constitución un domingo y los españoles católicos celebrarían la festividad de la Purísima acudiendo a sus cultos el día que le corresponde o desplazando la fiesta, como se hizo con la Ascensión y el Corpus, al domingo siguiente.

Chocaríamos entonces con los festivos obligatorios pactados en los calendarios laborables, pero estos pueden recortarse si de lo que se trata es de hacer sacrificios en nombre de la productividad de las empresas.

Incluso podríamos acabar con los domingos en nombre de la modernidad, el progreso y la productividad. Porque hay que recordar que el descanso semanal obligatorio tiene un origen religioso: lo inventaron los judíos con el sábado, después lo copiaron los cristianos pasándolo -no sin discusiones entre ellos- al domingo y con el tiempo se le añadieron otras festividades religiosas. Fue la revolución industrial, el liberalismo capitalista y el laicismo progresista quienes quitaron del calendario los festivos de origen religioso, incluidos los domingos. ¡A trabajar los siete días de la semana, que así se produce más! Curiosamente las conjuntas presiones obreras y clericales lograron que en 1903 se aprobara la Ley de Descanso Dominical, siendo el 11 de septiembre 1904 el primer domingo en el que no se trabajó. Eso sí, con la oposición de la patronal.

El último enigma de los puentes es económico. ¿Cuánto se gana con los puentes, dada la gran cantidad de gente que lo emplea en hacer turismo? En las hetairas ciudades andaluzas que viven de mostrarse estas cuentas deben tener, supongo, su importancia.

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