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Pilar Larrondo

El escuadrón letrinas

HOMBRES del mundo que os hacéis la eterna pregunta de por qué extraña razón las mujeres vamos siempre acompañadas al baño, yo os voy a dar la respuesta. Se ha escrito mucho sobre este tema. Vuestra hipótesis siempre es la misma: las mujeres vamos en rebaño al lavabo para marujear y darle al pico. Y nosotras, claro está, lo negamos hasta la saciedad utilizando argumentos que, en parte, tienen mucho de razón.

Necesitamos a una fiel escudera que sostenga los 10 kilos y medio que pesa nuestro bolso que nos aguante la puerta para no morir descoyuntadas, nos recuerde la frase más repetida por nuestras madres en nuestra infancia: "no te sientes en el váter" y, sobre todo, alguien que comparta con nosotras el insoportable hedor que desprenden los inodoros.Y vosotros vais y os lo creéis.

Todo lo anterior es cierto, por supuesto, pero hay una oscura razón por la que verdaderamente las muchachas jamás de los jamases vamos al cuarto de baño en la más absoluta soledad. Tenemos un plan y el cuarto de baño es nuestro cuartel general.

Las mujeres pensamos, mucho, a todas horas. Maquinamos y nunca dejamos que nuestro cerebro pare de funcionar. Y, como tantas ideas tienen que llevarse a la práctica, nos reunimos con las demás en un lugar que esté fuera de sospechas, libre de miradas indiscretas y ajeno a lo que es nuestra vida cotidiana. Y, allí, mientras vosotros pensáis que estamos pasando por una interminable sesión de chapa y pintura, que estamos despellejando viva a nuestra mejor amiga o incluso que luchamos con el mal olor, nosotras estamos arreglando el mundo. Creando todo un ejército que nace donde tiene que nacer, al ladito de las letrinas de los mejores cuartos de baño de los mejores bares de nuestra vida. Ahora sabéis la razón, pero nunca sabréis cuál es nuestro plan.

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