Análisis

Rogelio Velasco

La exportación, clave para salir de la crisis

España no debe confiar a corto plazo en un repunte de la demanda interna y sí en el comportamiento del sector exterior, que en la última década ha crecido sustancialmente al pasar del 12% al 19% del PIB

PARA salir de la crisis, España no puede confiar a corto plazo en la demanda interna. Los datos disponibles apuntan a que el PIB se contrajo un 0,1% en 2010. El último trimestre del año señala una evolución menos desfavorable del gasto agregado y, en particular, del gasto en consumo. Pero, en el mejor de los escenarios, esa leve mejoría servirá para que la situación no se deteriore aún más, pero en ningún caso para que las economías española y andaluza crezcan de forma robusta y se cree empleo de manera significativa.

Adicionalmente, la evolución del crédito a familias y empresas presenta un perfil poco favorable para la reactivación. Los datos del Banco de España muestran que, después de las tasas negativas del 2009, durante el pasado año el crédito a las familias creció a un famélico ritmo del 0,3% y el crecimiento fue negativo durante todo el año para las empresas, hasta que en el mes de septiembre mostró un crecimiento positivo, aunque muy débil.

En conjunto, las previsiones de aumento del PIB para este año se encuentran en el rango del 0,6%-1,3%. La mejor de esas tasas permitiría parar la destrucción de empleo, pero seguiríamos instalados en un letal nivel del 20% de paro. Con este escenario, la vía que permite acelerar el crecimiento, es el de las exportaciones de bienes y servicios.

El sector exterior de la economía española, ha tenido un magnífico comportamiento durante la pasada década. Es cierto que se ha perdido peso a nivel mundial, pasando del 2% al 1,7% del total de exportaciones de mercancías, Pero esa pérdida es menor que la de Alemania, 0,9%, Italia, 0,8%, Francia, 1,2%, etc. La irrupción de China está afectando negativamente a todos.

Pero dentro de la Eurozona, adonde se dirige casi el 60%, de nuestras exportaciones, la cuota se ha mantenido los diez últimos años en el 3,5%. Sólo Alemania ha aumentado su cuota un 0,2%, el resto (Francia, Italia…) ha perdido peso de manera muy significativa.

Este buen comportamiento relativo no puede explicarse por las referencias que se toman habitualmente para medir la competitividad exterior de una economía. Los costes laborales unitarios en España crecieron un 12,6% más que los de la Eurozona y los precios a la exportación un 4,9%. Estos datos deberían reflejar una pérdida de cuota de exportación en la zona euro que, como vemos, no ha sucedido ¿Qué puede explicar, pues, esta positiva evolución? Necesariamente, la mejora de la calidad de los productos exportados debe ser la variable clave que explique la aparente paradoja.

En consecuencia, la idea de pérdida generalizada de competitividad de España frente al resto del mundo hay que matizarla, porque elevaciones de los precios de los productos exportados son compatibles con ganancias en cuotas de exportación, si se mejora simultáneamente la calidad de los mismos. Típicamente, este proceso tiene lugar en aquellos sectores en los que los productos están diferenciados. Puede elevarse el precio y aumentar exportaciones en el mercado de vehículos de lujo; difícilmente se puede hacer en el mercado de aceite de oliva a granel. Sólo si ese aceite se vende bajo marca, con calidad y rasgos diferenciados, se puede conseguir el mismo efecto. Esa diferenciación corresponde más a la introducción de técnicas de la industria y de servicios avanzados, que a la agricultura tradicional.

El favorable comportamiento exterior, ha permitido aumentar el peso de las exportaciones en el PIB, desde el 12% al 19%. Globalmente, las exportaciones se han multiplicado por 2,4 en los últimos diez años.

Aun así, queda mucho por hacer. Frente al 19%, el peso de las exportaciones italianas en el PIB se eleva al 29%; una medida del largo trayecto que nos queda por recorrer. Italia exporta casi el doble que España.

Andalucía, ha tenido una evolución aún mejor que el conjunto de España. Con los datos comparables disponibles, la tasa media de crecimiento de las exportaciones de bienes desde 2004, ha sido del 8,4%, el doble que España. El pasado año, el crecimiento fue de un espectacular 27%, aunque es posible que el notable peso de algunas industrias instaladas en Huelva y Bahía de Algeciras, distorsionen algo el efecto a lo largo del territorio que, en otro caso, el dato podría representar. Durante este ejercicio, probablemente Andalucía logre superar a Valencia como tercera región exportadora de bienes.

Aunque consideramos sólo las exportaciones y, por tanto, no las ventas hacia el resto de España, también su peso con relación al PIB nos da una medida del camino a recorrer. A la espera de los datos de cierre de 2010, Andalucía ha superado el 10% de peso de las exportaciones en el PIB, todavía la mitad que España.

Las exportaciones como vía para acelerar la salida de la crisis, tienen un significado mucho mayor de lo que nos puedan sugerir las meras cifras de incremento de la producción y el empleo. Más de la mitad de las exportaciones andaluzas, se dirigen a países desarrollados. Esto significa que las condiciones técnicas, sanitarias, diseño, entrega a tiempo, etc, son de lo más exigentes, lo que requiere una buena organización de las empresas, utilizando nuevas tecnologías para los procesos productivos, conocimiento de idiomas y una presencia en los mercados internacionales que exige estar mirando continuamente a todas partes, para saber cuáles son las tendencias del mercado, qué preferencias tienen los consumidores y otros elementos que estimulan de manera continuada la competitividad de las empresas.

Lanzar nuevos productos, abrir nuevos mercados, mejorar el diseño, crear una imagen de marca de calidad España (y para algunos productos Andalucía), incorporar las tecnologías más adecuadas, contar con una infraestructura logística de primera calidad. Esos son algunos de los elementos que definen a una economía como moderna y competitiva, en una tarea que no tiene fin.

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