la esquina

José Aguilar

Más extensa, más intensa, más crónica

LOS informes de Cáritas sobre la situación social tienen un plus de credibilidad con respecto a otros análisis. Porque sus expertos de la Fundación Foessa gozan de prestigio profesional, porque es una institución libre de toda sospecha de interferencias políticas y porque -esto es muy importante- predica con el ejemplo. No sólo investiga y estudia la pobreza, también se moja combatiéndola con los medios a su alcance.

El informe presentado ayer por Cáritas se refiere al año 2010, y no creo que la realidad analizada haya mejorado desde entonces. Lo más probable es que haya empeorado. "La pobreza es más extensa, más intensa y más crónica y crea una sociedad dual y polarizada, en la que la distancia entre ricos y pobres es cada vez mayor", diagnostica. Es decir, la pobreza multiplicada por la crisis se ha extendido a más capas sociales, se ha agravado y se ha hecho permanente (los que la padecen dejan de hacerlo coyunturalmente: el sistema tiende a instalarlos en ella, a obstruir su salida).

Datos al canto. Hay más de once millones y medio de españoles en situación de riesgo de pobreza. Por debajo del umbral establecido se sitúan el 22% de los hogares, en medio millón de los cuales no existe ningún tipo de ingresos. Cada vez afecta a nuevos sectores sociales, como parejas jóvenes, personas que han perdido su empleo y emigrantes, como puede comprobar cualquiera que se acerque por los comedores de beneficencia o los economatos de bajo precio que, por caridad o por solidaridad, han proliferado en las ciudades o han aumentado sus servicios. Que no queramos verlos no significa que no estén ahí. Gracias a ellos mucha gente puede comer caliente.

Lógicamente la crisis está en el origen de la exclusión social que sufren, o se disponen involuntariamente a sufrir, millones de compatriotas. Sube la tasa de desempleo hasta cifras insólitas en la Unión Europea y, con ella, bajan los ingresos y la capacidad de consumo de las familias. Y, por otra parte, la lucha contra el déficit se refleja en la merma del Estado de bienestar. Los recortes pueden afectar o no a los servicios sociales básicos, pero suponen en cualquier caso un empeoramiento de las condiciones de vida.

Con el empobrecimiento extenso, intenso y crónico se incrementan las desigualdades y se pone en riesgo la cohesión social: quien es excluido de los bienes comunes a los que, además, se había acostumbrado encuentra muchas dificultades para sentirse partícipe de un proyecto de vida colectiva. En realidad, si no estamos sentados sobre un barril de pólvora es por los mecanismos de protección social y familiar que este país ha desarrollado. Porque hay motivos para una revuelta mucho más justificados que la falta de calefacción en un instituto.

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