Cuaderno de dos rayas

Con fecha de caducidad

LOS sondeos intempestivos sobre el segundo debate Zapatero-Rajoy han atribuido, en general, la victoria al actual presidente del Gobierno. Es imposible saber si porque fue más convincente, porque hizo más propuestas que su adversario o porque había de antemano más ciudadanos dispuestos a respaldarle (¿mayoría trasladable a las urnas el domingo?).

También partían ambos de situaciones diferentes. Rajoy, que es el aspirante y que necesitaba arrasar, no lo consiguió. Puso en serios aprietos a Zapatero en algunas de las cuestiones en las que la gestión de éste flaquea, como la política territorial o la vivienda, pero no fue capaz de hacer lo mismo en otros puntos flacos de ZP, como la desaceleración económica o la política antiterrorista, un asunto éste en el que se lió de mala manera, como se lió con la guerra de Iraq y el 11-M.

ZP estuvo más suelto y agresivo. Conocedor de su posición de ventaja -y de encuestas reservadas que le acercan a la mayoría absoluta-, marcó el guión casi todo el tiempo y orilló con habilidad temas polémicos que le iba planteando su contrincante con más fe que fuerza, como el conflicto del idioma castellano en Cataluña o el desastre educativo. Le propinó un golpe bajo con el número de víctimas del terrorismo en las dos últimas legislaturas.

Me gustó el debate, al menos más que al amigo que me confesaba que creía haber asistido a un enfrentamiento entre Bambi y Don Pantuflo. Pero nos queda mucho por aprender. A ver si en los siguientes aceptan someterse a preguntas no pactadas de periodistas variopintos y a modalidades del cara a cara que no vengan tan ordenadas, minutadas y vigiladas por los aparatos partidistas. Claro que, para entonces, uno de estos dos ya no estará en el plató. Su caducidad empieza el domingo. 9-M.

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